Taciturnitas

Es el silencio. El hiato. Antrópico no ha dicho mucho en el 2010. Yo no he escrito (aquí) mucho. ¿Será la calma antes de la tormenta, o es que he estado siguiendo a Mario Núñez de cerca en su excelente curso sobre Carl Jung y el Libro Rojo?

No tengo la respuesta, pero cómo otra gente, me preparo para una crisis igual a la de 2000. La recuerdo bien. Las decisiones eran unilaterales, severas, con movimientos segadores y con gran injusticia, porque si había que apretarse el cinturón, debíamos hacerlo todos, sin embargo, a unos sí y a otros no. Así no es justo. Recuerdo también cómo tomaron una frase famosa, Pacta sunt servanda, y la hicieron añicos. Es decir, rompieron los pactos, deshicieron los acuerdos y querían forzar nuevos pactos, a su manera.

¿Cómo olvidarlo?

Me dijeron: “prepárate que vamos a mover a tu gente a otro lugar, para que aquellos otros fructifiquen.” Me negué porque donde nos jactamos de democracia y participación, tomamos decisiones unilaterales todos los días. (Yo no estoy exento de ese pecado, pero trato, trato con todas mis fuerzas de provocar la apertura.) Me negué porque el que quiere fructificar tiene que trabajar y ganárselo, no apropiarse de ello como un esbirro. En estos días, me da una sensación de déjà vu que me deja frío. ¿Qué hacer? ¿Tirarme al ruedo? ¿Combatirlos en su juego de candidaturas y deseos de poder? ¿Desenmascararlos en el debate?

Desde el 29 de diciembre de 2009 entré en este período que llamo taciturnitas. En ese momento me percaté que habían regresado, tal vez con más fuerza que antes y bajo el manto de los falsos dioses. De esos, de los que castigan sin piedad a quienes no les temen. A las diosas y a los dioses hay que hablarles, debatirles, amarlos, pero no temerles. Hay que temerle a la sombra, eso sí, a los demonios que nos habitan. Silencio y decir, hacer y no hacer, las manos vacías o una espada en la mano. Esperando el momento.

Lo sé, los he aburrido con este escrito críptico que no han entendido y no tienen que hacerlo por el momento. Ya llegará.

Por ahora, taciturnitas.

Maestro, investigador, educador, administrador, innovador, amigo y mentor

Manuel Hernández Ávila (Manny o Manelí) fue para muchos de nosotros todo eso. Muchos nos beneficiamos de su generosidad y sabiduría, las cuales compartió con estudiantes, amigos y colegas. En la UPR-Mayagüez, fue profesor de oceanografía física, director del Departamento de Ciencias Marinas y director del Centro de Investigación y Desarrollo.  Sea Grant, no obstante, estuvo en el centro de sus ilusiones.  Como director del programa le impartió su visión y su carácter innovador. A muchos de nosotros nos hizo partícipes de esa visión y de la misión del programa, siempre empeñado en el uso sabio de los recursos, una dirección que reformulamos en la sustentabilidad; una meta difícil a la que hay que llegar con el mejor conocimiento y con la educación y el alcance.

Le sobrevive su esposa, Evangelina (Vangie) Fradera.

Como imaginarán, estamos extremadamente apenados con el deceso de nuestro mentor y amigo, temprano esta madrugada y todavía no podemos articular de manera precisa toda nuestra pena.

Teacher, researcher, educator, administrator, innovator, friend and mentor

Manuel Hernández Ávila (Manny or Manelí) was all those things, as he shared all his wisdom and generosity with the University of Puerto Rico, his students and his colleagues.  During his rich academic life he was professor of physical oceanography, head of the Department of Marine Sciences, and director of the Research and Development Center at UPR-Mayagüez.  However, Sea Grant was at the center of his life, as he shaped the program with his vision and innovativeness.  A vision he shared and instilled in many of us: to use the best science and knowledge available to protect and use the coastal and marine resources wisely.

He is survived by Evangelina (Vangie) Fradera.

We all are deeply saddened by the passing of our mentor and friend early this morning, and still find ourselves out of words to express our grief.

Rumba para Haití

En estos días tan tristes he decidido hacer un homenaje musical al pueblo haitiano. Un terremoto es un evento de la naturaleza del cual nadie tiene culpa. Pero la miseria y las injusticias que ha sufrido Haití a lo largo de su historia son políticas y definitivamente han magnificado las consecuencias del terremoto. Errol Pizarro Montes

El buen amigo Errol Montes Pizarro ha preparado un programa de radio con una muestra de la música haitiana, como muestra de profundo afecto y solidaridad, en su programa Rumba Africana. Nos unimos a la invitación semanal de Errol y les esperamos en las ondas radiales (y cibernéticas) de Radio Universidad.  89.7 y 88.3 FM. Por internet en http://www.wrtu.pr/

Del trabajo de Emeline Michel he elegido las siguientes palabras:

Cuando me ponga en pie / verás que alta soy / tantos refugiados ahogándose y tú cierras tus ojos / Buenos Días America / Hay un bote en tus playas y le dices a mi familia que regresé / buenos días America / los dientes débiles son fuertes mordiendo plátano maduro / veo porque nunca has sido mi amigo / tantos refugiados ahogados / Ague tengo que ponerme en pie / Te has recostado en mi por mucho tiempo y luego dices que no cuento / Será verdad que los blancos nunca cambiarán / te exprimen mientras miran profundo a tus ojos / Estoy tocando mi tambor / todavía estoy libre y tengo que ponerme en pie para que veas mi altura … . (Emeline Michel)

Pueden ver un video de Michel en http://www.youtube.com/watch?v=qn7hHwISric

A continuación pueden leer una extensa nota sobre el programa:

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Una respuesta al rebuzno de Pat Robertson sobre Haití

Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse Tareas. En el reino de los cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incognita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado en penas y de Tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre solo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo.

Ti Noel subió sobre su mesa, castigando la marquetería con sus pies callosos. Hacia la ciudad del Cabo el cielo se había vuelto de un negro humo de incensios, como la noche en la que habían cantado todos los caracoles de la montaña y de la costa. El anciano lanzó su declaración de guerra a los nuevos amos, dando orden a sus subditos de partir al asalto de la obra de los mulatos investidos. En aquel momento, un gran viento verde, surgido del Océano, cayó sobre la Llanura del Norte, colándose por el valle del Dondón con un bramido inmenso.  Y en tanto que mugían toros degollados en lo alto del Gorro del Obispo, la butaca, el biombo, los tomos de la enciclopedia, la caja de música, la muñeca, el pez luna, echaron a volar de golpe, en el derrumbe de las últimas ruinas de la antigua hacienda.  Todos los árboles se acostaron de copa al sur, sacando raíces de la tierra. Y durante toda la noche, el mar, hecho lluvia, dejó rastros de sal en los flancos de las montañas.

Y desde aquella hora nadie supo más de Ti Noel ni de su casaca verde con puños de encaje salmón, salvo tal vez, aquel buitre mojado, aprovechador de toda muerte, que esperó el sol con las alas abiertas: cruz de plumas que acabó por plegarse y hundir el vuelo en las espesuras de Bois Caimán.

Alejo Carpentier, El reino de este mundo (1949)


Haití se lo merecía

Pat Robertson ha vuelto a decir estupideces, algo que la derecha ultra-conservadora y fundamentalista de los Estados Unidos hace constantemente.

“They were under the heel of the French, you know Napoleon the third and whatever. And they got together and swore a pact to the devil. They said ‘We will serve you if you will get us free from the prince.’ True story. And so the devil said, ‘Ok it’s a deal.’ And they kicked the French out. The Haitians revolted and got something themselves free. But ever since they have been cursed by one thing after another.”

Afortunadamente, la solidaridad internacional (y la de los Estados Unidos) en este momento apagan esas voces. Una solidaridad que llega tarde, muy tarde, pero la historia de Haití es demasiado enrevesada como para despacharla con unas palabrejas en este blog.

Todo comenzó un día de violencia

Así comienza la versión moderna de la Ilíada, (re)escrita por el italiano Alessandro Baricco y publicada en el 2004, y su traducción en español en el 2005, publicada por Anagrama. Es un texto hermoso, y quien haya leído la Ilíada (sobre todo con la dificultad de ser prepa en la Universidad de Puerto Rico) apreciará el esfuerzo de Baricco de hacer accesible a todo el mundo este texto fundamental.

Este proyecto de Baricco se realizó para una lectura pública de la obra, que al parecer fue todo un éxito radiofónico. La obra original presentaba el problema de su longitud y por ende su extensión de lectura por muchos días, además de un problema de comprensión de los detalles homéricos y las sutilezas culturales y religiosas de esas sociedades antiguas por parte de los italianos del siglo XXI.  Otro asunto delicado es el gran espacio en blanco que la obra original tiene y que muchos lectores conocen mejor que la misma Ilíada: el desenlace de la guerra y la toma de Troya, por lo que Baricco tomó prestado de otros textos para rellenar ese espacio. Finalmente, Baricco decidió eliminar a los dioses de su texto, por entender que aletargaban la lectura y no añadían mucho, pues en la Ilíada Homero trabaja con una propuesta de explicar los acontecimientos teniendo a los humanos como sus últimos artífices.

He aquí lo más difícil.

El mundo homérico, como el mismo Baricco admite, es incomprensible sin los dioses. Esa decisión, y el ánimo de reescribirla completamente elimina fragmentos necesarios, como lo es el párrafo inicial:

“Canta, oh diosa, la cólera del Pélida Aquileo, cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades valerosas almas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves –cumplíase la voluntad de Zeus—desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres y el divino Aquileo.”

De igual manera, la visita de Príamo al campamento de Aquiles para buscar el cuerpo de Héctor no se puede entender sin los dioses. Creyentes o no, ateos convencidos o entregados a la fe, hay que comprender que existen trayectos en la vida de los humanos que no se pueden hacer  ni comprender sin la intervención de los dioses, y el de Príamo es uno de ellos; sobre todo porque sin los dioses ese acontecimiento carece de poesía y eso es inadmisible.

La Ilíada comienza con una disputa cuando quienes no tienen derecho a lo de los otros (en este caso, la gloria alcanzada por Aquiles) le usurpan y le roban lo ganado en la justa batalla. De paso, le mancillan su dignidad y su prurito.  Tal vez más importante, trivializan el sentido de compromiso y sacrificio de Aquiles con la causa de los aqueos, para la que ha abandonado a su familia y sus haberes. La obra es una mirada al exceso en la ejecución del poder y es tan vigente hoy en nuestro entorno más cercano como lo era en la civilización homérica.  Afortunadamente, a pesar de la penurias de Aquiles, sabemos quien debe salir triunfante. Que eso le sirva de lección a quienes usurpan lo que otros han trabajado con sudor y sangre.

Posdata: Cuando fui estudiante de primer año en la Universidad de Puerto Rico tuve la dicha de tener a Raúl Cotto Serrano de profesor de Humanidades quien se vivió la Ilíada con nosotros, y nos hizo, por la fuerza de su entusiasmo y de nuestro descubrimiento de la absoluta belleza homérica, saborearla e integrarla en nuestras vidas.

Llegó…

con tres heridas,

la del amor,

la de la muerte,

la de la vida.

Con tres heridas yo…

Miguel Hernández

Han sido días aciagos. Se asoma una sombra gigantesca sobre muchas de las cosas que hacemos. Nos quejamos. El informe lo hemos entregado tarde. Tal vez la perspectiva de ingresos para el próximo año no es tan halagüeña, y el banco ha reducido el pago de dividendos. Nos quejamos de aquel y de aquella. El libro no ha salido a tiempo y los contratiempos han sido interminables. Nos quejamos… mucho. Tememos (por razones egoístas y altruistas) perder nuestras posiciones que nos han permitido hacer tanto.

Hasta que llegó hoy por puro azar. Preguntó por nuestros vecinos, pues vino a traerles unos regalos, en agradecimiento a su apoyo. Su alegría era extraordinaria y su sonrisa lo iluminaba todo. Tras un breve intercambio (es que la jodida antropología no nos abandona ni en las fiestas), sabemos que se ha quedado sin trabajo por la privatización de la limpieza en las escuelas, y que por ello se ha quedado sin seguro médico. Pero su sonrisa no le ha abandonado, le sirve de coraza a su temple, con el que ha soportado la noticia de un cáncer en el hígado que empieza a consumirle. Tiene fe, mucha, y es de esa gente (que conocemos muy bien) que usa la fe y sus creencias para hacer bien, para repartir alegría sin mirar a quién. Afortunadamente les conocemos bien. Yo le observé detenidamente. Tuve pena de mi, de las quejas inanes, que no comparan con su pronóstico. Tuve conmiseración de esa otra gente vana que conozco bien. El llegó con su esperanza. Se queda uno con varias heridas y un extraño sentido de humildad.

Aquí les regalo una versión de esa canción poema, por Mercedes Sosa, con versos añadidos por Pata Negra (Rafaeillo), de la obra de Miguel Hernández (Después del amor).

Vinagre y rosas

Joaquín Sabina, con la intensa colaboración de Benjamín Prado, ha lanzado su nuevo disco, Vinagre y Rosas.  Una colaboración que Prado ha documentado en su libro Romper una canción y que ambos han comentado en los medios, por la intensidad afectiva y poética que ha producido esta obra.  Esta joya discográfica tiene canciones muy hermosas donde aparecen todos los arquetipos de Sabina (las meretrices, las mentiras, las ciudades, los fantasmas, las gatas callejeras, el sol, y el amanecer, entre otros), canciones-poemas escritas con Prado a las que Antonio García de Diego y Panchito Varona le han vestido con la mejor música posible.  Cada cual escuchará lo que le interese y cada canción apelará al espíritu y las experiencias de quien ha bailao esa parte de la vida. A mí, por la ruta de la imaginación y el deseo, me ha llamado la atención la canción Cristales de Bohemia, dedicada, a Praga, ciudad de mis sueños más extraños.  Hay también en este disco mucho rock-and-roll, mucho, mucho, al igual que Crisis, mucha, mucha.

Con Prado, Sabina se inserta sin lámpara en el paisaje oscuro de los sentimientos profundamente tristes y en la tesitura del desamor. Y es interesante, pues usualmente le pensamos ajeno a ello, y sin embargo, en mi Ipod tengo todo un playlist titulado Sabina Sweet, donde hay canciones melancólicas y hasta depresivas escritas por el genio de Ubeda.

A mi me ha cautivado Virgen de la amargura (que por cierto, hay que ver las procesiones de esa virgen en Semana Santa en Andalucía, para tomarle el pulso a esa canción); pero ¿qué uno puede decir de una canción que termina justo con los primeros acordes de Nowegian Wood, de Lennon y McCartney? Por otro lado está  Agua pasada que es un himno al proceso de claudicar, de una vez y para siempre. La mandolina nos lleva por toda la tristura del Mediterraneo, una circunvalación por el dificíl proceso de darse cuenta que la cuenta ya está saldada.

Al reflexionar sobre la trayectoria de Sabina uno puede llegar a pensar que ha escrito las canciones más hermosas del mundo, y tal vez las canciones más poéticamente perfectas (Y sin embargo, A la orilla de la chimenea, por decir algunas), hasta que escucha Nombres impropios. No me canso de oirla, y cada vez que lo hago me maravilla la complejidad de los tropos empleados. Para colmo, la ha montado sobre una especie de blues funebre digno de las calles de Nueva Orleans, donde sobresalen la tuba, el trombón, clarinete y quien sabe si el bombardino. Porque toda despedida es muerte, a la que hay que celebrarle su entierro, así, con música y cierta pompa. ¿Los Nombres impropios? Osadía, Herejía, Ironía, y Utopía.

Aquí, por la magia de youtube, les presto una colección de las canciones (y algunos videos) del disco.

http://www.youtube.com/view_play_list?p=9D5E72745451C866&search_query=vinagre+y+rosas+de+joaquin+sabina

The Nanny Diaries

La Antropología siempre me ha parecido una ciencia snob.  La inmensa mayoría del tiempo hablamos entre nosotros, las y los iniciados, dejando a un lado al público.  Cuando alguien me pregunta por un buen libro para iniciarse en la Antropología, me da terror y vergüenza.  No puedo recomendar ninguno. (Espero que mis colegas, al leer esto, se compadezcan de mi y envíen sus sugerencias). Es por eso que los otros días disfruté una peliculita interesante, The Nanny Diaries, basada en una novela satírica de Emma McLaughlin y Nikola Kraus, sobre el mundo de las nanas o niñeras en Nueva York. La película, con sus virtudes y defectos, me ha parecido una linda introducción a la Antropología, y sobre todo la etnografía y la etnología.  Como sátira aguijonea no solo el mundo de las ayas (otro de sus nombres), sino que pellizca a la disciplina su poquito. No obstante, es fiel al discurso antropológico, con una extraordinaria hipérbole de la otredad y una exotización del mundo nuevayorquino de las clases altas que pululan por la Quinta Avenida.

El diario de campo es el medio por el que se narra la historia del filme, cuyo personaje principal se acaba de graduar de la carrera de Antropología y por un enredo con su nombre (Annie), consigue un trabajo de nanny.  Sus parlamentos, narrados sobre la acción, son fundamentalmente etnográficos. No ha faltado en la película los dioramas del Museo de Historia Natural, que inclusive han sido transformados y satirizados para mostrar la vida de los nativos del Nueva York contemporáneo. Los verdaderos dioramas también hacen su aparición. Por unos segundos quedan retratadas las exhibiciones y dioramas de los aborígenes del Pacífico Norte, como los kwakiutl y hay una referencia breve a los postes totémicos.  No han faltado las referencias a Margaret Mead, a la objetividad en la observación, a los sistemas de parentesco, a la disciplina de la escritura etnográfica y al asunto de convertirse en un nativo. La lección etnográfica está ahí todo el tiempo, por lo que me parece una película simpática que puede generar su debate sobre la disciplina, o lo que es mejor, la aplicación de la Antropología a la vida cotidiana del mundo en el que vivimos.

La película tiene para mí dos finales felices. El primero, es el esperado, el de la novelita, el de la película, pero no lo cuento. El segundo es inesperado. La madre de Annie, después de insistir en que siguiera una carrera en Finanzas, y de hacer la pregunta clásica (¿En qué vas a trabajar con un grado en Antropología), termina pagándole los estudios graduados en Antropología. De hecho, el diario parece ser el texto del ensayo para entrar en la carrera a nivel de postgrado.

Bueno, debo admitir que me gustó mucho la película, que me parece es exquisita para un curso de introducción a la disciplina. Para terminar esta confesión, la película tiene unas referencias visuales y musicales a Mary Poppins (esa nana británica de la serie de libros del mismo nombre, que hiciera famosa en una película Walt Disney en 1964). La película me gustó cuando la vi de niño y me ha gustado todas la veces que la he visto desde entonces, que son muchas, con hijas y nietos. ¡Supercalifragilisticexpialidocious! Todavía me la sé de memoria.

Manuel Valdés Pizzini

Claude Lévi-Strauss

A modo de página en el blog he publicado un escrito extenso sobre el etnólogo Claude Lévi-Strauss, quien falleció el día primero de noviembre. Comparto con ustedes ese trabajo, y mi admiración por su obra. Para ir directamente a la página puede pulsar aquí.

L’ethnologue Claude Lévi-Strauss est mort
L‘ethnologue et anthropologue Claude Lévi-Strauss <http://www.lemonde.fr/sujet/ad63/claude-levi-strauss.html> est mort dans la nuit du samedi 31 octobre au dimanche 1er novembre à l’âge de 100 ans, selon le service de presse de l’Ecole des hautes études en sciences sociales (EHESS) contacté par Le Monde.fr. Plon, la maison d’édition de l’auteur de Tristes Tropiques , a également confirmé l’information diffusée par Le Parisien.fr en fin d’après-midi. Claude Lévi-Strauss, qui a renouvelé l’étude des phénomènes sociaux et culturels, notamment celle des mythes, aurait eu 101 ans le 28 novembre.

VIDÉO
Quand Claude Lévi-Strauss racontait sa vocation d’ethnologue