Limpieza étnica en la costa
Antropología, Historia, Música, Playas y costas — March 11, 2007 5:08 pmEn más de una ocasión he escuchado a los hijos de la vieja sacarocracia criolla, hoy banqueros y empresarios, decir que la costa estaría mejor libre de negros y de pobres, que a fin de cuentas son la misma cosa.
La costa ha sido históricamente una región habitada por poblaciones trabajadoras, libres y esclavas, provinientes de diversas partes Europa y África, así como grupos de origen indígena, y criollos. Zona de mestizaje y mulataje, la costa fue un entorno fundamentalmente negro junto a todas sus posibles tonalidades fenotípicas y culturales. El mangle y la manigua, o sea, el monte costero, fueron en el Caribe el espacio del cimarronaje grande y pequeño.
Por razón de la dinámica demográfica del sistema esclavista, la concentración mayor de hombres y mujeres de procedencia africana se localizó en la costa, dispersándose por sus hábitats, pero con mayor fuerza en los manglares, las playas y el bosque costero. Esa historia la ha escrito en gran medida Juan A. Giusti Codero en su disertación, Labor, Ecology and History in a Caribbean Sugar Plantation Region: Piñones (Loiza), Puerto Rico, 1770-1950, que es en sí un clásico sobre el tema.
La esclavitud también se dispersó por la altura y hay varios trabajos sobre ese tema, incluyendo el esfuerzo de Carlos Buitrago Ortíz. La costa, urbana en gran medida, poblada alrededor de los ingenios y las centrales, se convirtió en un entorno mulato. Los artesanos y las y los trabajadores libres y libertos configuraron una sociedad muy particular y su mundo poblado de voces diversas, hasta muy recientemente. (Hay que volver a leer La llama y la casa fiera de Carmelo Rodríguez Torres.)
Y ¿quién diría que en siglo 18 la ínsula funcionaba gracias a las dádivas y empréstitos de un mulato conocido desde las casas comerciales judías de Curaçao, hasta las costas de Virginia?
Flujo y reflujo de tránsfugas y huidizos, de esclavos en fuga, Puerto Rico se convirtió en lugar de tránsito y esperanza, como se puede leer en los trabajos de Guillermo Baralt.
Hay obras recientes que narran el circuito regional de vidas de las islas del Caribe, para conformar una sociedad costera de madamos y madamas, gente con apellidos en inglés, francés y en otros idiomas. Esos trabajos extarordinarios de los nuevos historiadores apenas se percatan del paisaje del litoral como medio, habitáculo de un nuevo campesinado y una nueva clase de trabajadores “libres” en el período post-emancipación.
Leo y rebusco el libro Sugar, Slavery and Freedom in 19 Century Puerto Rico de Luis A. Figueroa y descubro pedazos del Guayama costero y su negritud. Hago lo propio con Race and Labor in the Hispanic Caribbean: The West Indian Inmigrant Worker Experience in Puerto Rico de Jorge Luis Chinea para ver páginas enteras de negros y mulatos cruzando islas y lenguajes, atravesando el manglar y las tierras bajas, sirviendo de mareantes, pescadores, campesinos, gente de mar formando la costa.
La costa es fundamentalmente negra, pero eso ha ido cambiando. Tal vez hemos sido mudos testigos de un proceso de blanqueamiento costero, de limpieza étnica de la playa, que empezó con la remoción de bohíos, luego la extirpación de casuchas en el mangle, la relocalización de familias a las parcelas y finalmente, la compra-venta de propiedades y desplazamiento social. Obstáculos para el mercado inmobiliaro, ocupantes de espacios revalorizados hemos procedido a sacarlos de ahí.
Es una hipótesis de trabajo.
¿Qué piensan? Les invito a comentar.
Forzados tal vez, pero estos videos tienen (de ser cierto el argumento de “limpieza étnica”) un cierto valor etnológico. Pero su valor fundamental es el de poder escuchar y ver al Sonero Mayor, ¡Ecua Jey!
Gracias a Carlos Carrero por darme la idea para este escrito.

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16 Comentarios
De acuerdo, pero no sólo en la costa. Hago hincapié en que esto es sólo una manifestación particular de la limpieza étnica generalizada que ocurre en Puerto Rico desde hace mucho tiempo, pero que de un tiempo para acá se manifiesta con particular claridad con el uso ad nauseam de la palabra “exclusivo”. La sacrocracia que mencionas no puede crear mediante leyes enclaves tipo apartheid, pero sí lo puede hacer mediante el control de los mercados de vivienda, consumo y recreación de tal forma que para todo efecto práctico se convierte en (casi) lo mismo. Toda desarrollo de vivienda de más de $200,000 (i.e casi todos) se anuncia como una exclusiva comunidad, si es más de $250K esto se puntualiza con control de acceso para que lo sea en la realidad. Nada, no queremos que personas de bien tengan que encontrarse con personas de dudosa clase o color. Y mejor todavía, con un poco de suerte, podemos conseguir un honorable representante que ponga $100K en fondos públicos para que cerremos la urbanización y aumentar su exclusividad.
Lo único que falta es que comiencen a aparecer letreros reservándonos el derecho de admisión…
Quien dijo:
“Quandoquidem inter nos sanctissima divitiarum maiestas, esti funesta pecunia templo nondum habitas”
nunca ha visitado Plaza Las Américas.
Interesantísima discusión. Coincido con Walter en que el asunto no se circunscribe a la costa. Curiosamente hace unos días estuve leyendo a Livio Sansone (2003) y en su libro “Blackness without ethnicity: Constructing race in Brazil” discute asuntos muy similares sobre espacios invisiblemente marcados o delineados en base a ‘raza’ y clase social. Un mero letrero requiriendo ‘buena apariencia’ para conseguir un empleo en un ‘upscale mall’ es suficiente para negar acceso a personas negras a esos empleos. Ya no basta con haberles excluído (con altísimos precios y ‘especialty boutiques’) como consumidores de lo que allí se vende, sino que su mera presencia (incluso como empleados) ‘contaminaría’ la exclusividad del lugar.
En la costa en Puerto Rico se ve está ‘limpieza’ que describe Manolo. El caso de Rincón es más nefasto aún y se mezcla con otros elementos (y me disculpo por desviarme un poco del tema), pues allí los ‘locales’ casi los han convertido en ‘outsiders’. En Rincón habita una influyente y extensa comunidad angloamericana, y es común que se hable inglés en lugar de español en sus espacios comerciales y recreativos. De hecho, Rincón me resulta muy curioso y quisiera en un futuro cercano investigar estos asuntos en forma etnográfica.
Este artículo me trae a la memoria muchos eventos de mi niñez.
A los 5 años de edad mis padres me traen desde NY a vivir al pueblo de Rió Grande un pueblo costero aunque no tan cerca del mar, pero si tuve mucho contacto con los pueblos de Loiza, Luquillo y Fajardo.
Estudié en un barrio de Loiza conocido como Canóvanas, por lo que fui testigo de una gran segregación racial entre los mismos loiceños. Los negritos eran de Loiza aldea y los blanquitos de Canóvanas. Todavía a mi edad no puedo entender el momento en que declaran a Canóvanas municipio independiente y los de Loiza Aldea lo celebraron como si fuera su liberación. Que el alcalde de Loiza Sr. Calzada, se convirtiera en el Alcalde de Canóvanas sin tener que moverse de su oficina, ya que el ayuntamiento de Loiza estaba el Canóvanas. Me acuerdo oír al Sr. Gabriel Santos proclamarse el Alcalde del “Nuevo Municipio” cuando
Loiza como municipio es bastante antiguo. Tener un equipo de pelota AA cuyo nombre era LOS MUNICIPALES.
También me acuerdo haber corrido por los palmares de COLOBO, VIEQUES, MIÑIMIÑE, LAS CARRERAS y bañarme en los lagos costeros que se formaron luego de la extracción de arena.
Gente humilde, gente buena, aunque mi mama les tenia un poco de repelillo por ser negros, (ella es de JAYUYA),
aunque poco a poco se fue acostumbrando a socializar con ellos a tal forma que sus santos compadres son de MIÑIMIÑE.
Me acuerdo de Doña Pindo y sus habichuelas con patitas, de Victoria la mama de crianza de mi mejor amigo Félix, que vivía en las parcelas Vieques en una casona vieja frente a la playa; mi casa en vacaciones de verano. A “Vistoria” le robábamos el vino de pasas que destilaba en la casa para la fiesta de Santiago.
Esa fue mi juventud la cual me formó y me dio el interés de tener contacto real con el ambiente y la comunidad costera, tanto así que soy Biólogo Marino, vivo en el pueblo de Luquillo y estoy casado hace 24 años con una playera de la playa de Fajardo.
De igual forma he sido testigo de como se han ido desplazando esas comunidades costeras tradicionales en donde al presente tenemos los apartamento y condos de los blanquitos de SJ. y esa gente humilde dueña s de unas tierras por tradición han sido desplazados por algún descendiente del Hacendado original que le dio su pedacito de tierra con el fin de que trabajaran en su finca pero como no estaba escrito, no vale. ! Pero si vale! porque un acuerdo de boca entre caballeros es cuestión de honor, por lo menos eso me enseño mi abuelo Camilo.
Podemos observar que la casona de Colobó ya no existe. hay un condo que tapa el mar.
Que la calle 1 de las parcelas Fortuna de Luquillo, son casas de veraneo.
!Que en maternillo Fajardo quieren “comprarle los terrenos a la gente para hacer complejos turísticos y marinas con la excusa de que tendrán trabajos”.
?Que trabajos, donde todos sabemos que en estos complejos la segregación por etnia y raza es la orden del día.
Si se realizara un estudio en las comunidades trabajadoras en los diferentes hoteles y centros turísticos de las costas de PR que encontraremos??? quien hace que. Manolo, no te doy el resultado por no dañar el trabajo!!!!!!!
Espero que este articulo levante la conciencia de los problemas sociales que estamos atravesando nosotros los que vivimos en la costa “Los playeros del siglo 21″
Hector C Horta
Saludos, Manolo… el video de Maelo y el escrito del Sr. Horta me llevan para atras a casi hace 30 años, cuando era asesor marino para Sea Grant y Loiza estaba en mi ruta.
Me acuerdo las visitas con los pescadores en lo que era entonces la nueva villa pesquera, ayudandolos a entrar un chinchorro y recibiendo una sierra buenagente por mis esfuerzos, y unos traguitos de ron caña.
Me acuerdo del palmar que estaba cerquita al Berwind y las buenas siestas post almuerzo que me daba en la sombra de las palmas de coco.
Es mi impresion de que antes que fueramos una sociedad envuelta en sus placeres, los terrenos mas malos se los daban a los pobres en parcelas. Eran los peores terrenos para cultivar y, en cierta medida, los mas indeseables para vivir. Asi se desarrollo una cultura en que la playa era el peor de los sitios, donde se tiraban la basura y los enseres que ya no servian. El poco aprecio que le teniamos a las playas todavia se ve en la Isla con toda la basura que deja la gente cuando se van.
Lo que esta sucediendo con el desplazamiento de los pobres es el resultado neto de estas actitudes y de la llegada de una generacion que aprendio a sacarle el gusto a las playas, y por ende a apreciarlas por su belleza y no por lo que se les podia sacar. Esta generacion ahora tiene dinero y lo esta gastando en revivir su juventud.
Los negros en todo el Caribe han sido marginados a las costas. Al leer esto recordaba el documental Reggae Sunsplash sobre la música en Jamaica. Un concierto pero que comienza con varias imágenes en las costas de Jamaica. Algunas de estas imágenes muestran redes de pesca, yolas y ese vínculo entre el negro y la pesca. La musica se hace reflejo de estos procesos. Maelo en su momento, hoy escuchar al Abrante con su reggeton “Defendamo a Piñones. Por otro lado recuerdo libros de historia de algunos municipios costeros como el de Haydee E. Reichard “Memorias de Mi Pueblo… Aguadilla” o el reciente “Mambiche La Historia de Vieques en Poemas” de la Profa. Lydia Pagan Tirado, donde hacen referencia al negro como el motor de la industria cañera que durante tantos años se dio en las costas de la Isla.
Ciertamente esa elitización a la que la Isla completa ha sido sometida, a estado recientemente en evidencia en las costas. Aguada, Piñones, Vieques, Ponce o Rincón son solo algunos ejemplos de esto.
Todo un proceso de elitización que se vuelve cada vez más latente en las zonas costeras.
¡Excelente escrito!
Manolo:
Una nota respetuosamente discordante. El título “Limpieza Etnica en la Costa” me deja un sabor a periodismo amarillo, farándula o demagogia de izquierda. El fenómeno que describes es cierto pero, en mi opinión, el vocabulario se sale del lenguaje más científico que tú mismo me enseñaste. De ti aprendi “gentrification,” que quienes me anteceden en sus comentarios parecen traducir como elitización y antes lo oí traducido como gentilizacion.
El mal sabor surge porque fácilmente el término limpieza étnica se asocia con deportación, emigracián forzada o genocidio. Con estas connotaciones es que aparece recientemente en la prensa. Desde luego, no creo que tu impliques este uso del término en el medio que describes.
De todos modos, gracias por continuar alimentado inquietudes intelectuales que a veces se nos duermen en el inconsciente.
Jaime Gutiérrez
Interesante. Sí, el blanqueamiento no se restinge a los corales si no que tambien blanquea nuesra cultura y nuestro origen. De cierta manera creo que nosostros los negros hemos sido los mayores prepulsores de este blanquemaineto permitiendo que nos llamen triguellos y dejando a tras nuestra cultura para solaparnos a otras. Minimizado lo que somos sin corregir lo que de antemano esta mal. El video de Ismael me llena de emociones y hasta tengo que decir que me dan ganas de llorar por que recuerdo que hace 25 años a tras La Isla de los Pajaros y nuestra muy declarada Isla Pizarro era solo un tesoro que nosostros podiamos disfrutar y hoy lamentablemente se encuentra amenazado por la propuesta de Costa Serena.
Tambien es gracioso aun en este siglo cuando eres negro y vas a pueblos como Adjuntas o San Sebastian y te miran como si hubieses caido de un meteorito ese es el “blanquemiento”.
Excelente tema.
Agradezco todos los muy bien pensados comentarios ofrecidos en torno a la “Limpieza étnica”.
Hay observaciones muy puntuales sobre elitización y desplazamiento en otros órdenes de la vida cotidiana (Walter, las urbanizaciones) que hay que atender y mirar antropológicamente.
Miradas etnográficas (Yanira) al blanqueamiento de la fuerza de trabajo en el mall y sobre el lenguaje en la costa, miradas que son necesarias (Rincón.
Unas reflexiones de la vida misma, de experimentar de alguna manera ese desplazamiento, con los muy sentidos y extraordinarios comentarios de Héctor (que tal vez deba publicarlos como un escrito) y los de Deborah , sentidos en carne propia.
Andy añade esa mirada clínica del extensionista marino que se enfrenta a la cotidianidad desde su problemática ambiental y desde allí también atestigua el blanqueamiento. Gracias Andy!
Cale siempre me asombra con sus lecturas y me mantiene al día.
Don Jaime ha polemizado el concepto de limpieza étnica y para no defraudarlo, le ofrezco una definición del mismo:
Ethnic cleansing refers to various policies or practices aimed at the displacement of an ethnic group from a particular territory. The term entered English and international usage in the early 1990s to describe certain events in the former Yugoslavia, with the induced cleansing of Bosniaks. Narrower definitions equate ethnic cleansing with forcible population transfer accompanied by gross human-rights violations and other factors. In broader definitions it is effectively a synonym of population transfer.
Hace un tiempo converse con una mujer blanca perteneciente a la clase adinerada Puertorriqueña—esta mujer y su familia son corporalmente una perfecta representación del lineaje “limpio” tan soñado entre estas gentes. De todos modos, ella me contaba sobre su casa de campo, “alla arriba en la montaña,” en el interior verde de la isla, me decia “que antes, en tiempos pasados, no muy lejanos,” el interior era el lugar donde los adinerados pasaban los veranos, “La playa! Que va? Eso era para las clases populares…antes, la gente preferia la montaña…ahora es que la gente quiere estar en la playa, eso es nuevo.” Yo pensada, “pa’mi la playa es lo mejor que existe…Yemaya en todo su esplendor…!” Claro, este esplendor tan romantico, es puramente superficial…debajo de esa superficie de espejos azules, se esta muriendo todo lo que vive…todo. Si muere el mar, muere todo lo que vive en todos sitios, dentro y fuera del mar. (urgencia #1)
La playa se ha convertido en el sitio donde todos quieren estar. Esto no es nuevo. Gracias al turismo el cual promueve la playa como un producto donde puedes encontrar placer, descanso, relajamiento, romance, un lugar para soñar, donde el mar y el horizonte se convierten en uno y le puedes dar riendas suelta a tu imaginación. El problema es que ahora todos tenemos que descansar de la vida anomica (a la Durkheim) que vivimos en la polis industrial. La popularidad de las costas tiene algo que ver con esto del “Caribe como paraiso.” Han visto los comerciales de Sandals Resort? La playa Caribeña como el paraiso terrenal. Y claro se ha convertido (como todo) en un producto comercial. Como todos los productos, la playa tambien esta en venta—siempre y cuando puedas pagar.
En PR las costas, via el producto que fue la caña, la inhumanidad de la esclavitud y servidumbre, se entiende como el sitio donde la hibridez racial “florecio.” Y si, estamos orgullosos de la hibridez, del mulataje, aunque muy pocas veces reflexionamos sobre como precisamente ocurrio esta hibridez—lo que significo en carne y hueso (embodiment). Particularmente, lo que significo para las mujeres (negras y blancas).
A la misma vez, entender la costa como un area negra, niega que lo negro tambien exista en el interior, “en el monte, en la jalda.” El negro no solo vive en la periferia de la isla (osea las costas), sino que tambien vive dentro de la isla, lo que Arlene Torres (1998) ha llamado “Afro-Jíbaros.” La idea del negro y la costa aunque cierta, es limitante. Me parece que a estas alturas se necesita ampliar este esquema, el cual Hilda Lloréns (2005) en su tesis doctoral llama el discurso (a lo Foucault) del “geographic blackness.” Basicamente, la retorica existente limita la discusión sobre “raza” en Puerto Rico a la geografia de la costa. No promueve la investigación sobre el negro que forjo una vida monte adentro. En ese mismo trabajo, Lloréns investiga una sociedad secreta, llamada “La Torre del Viejo” (vea tambien Falsas Cronicas del Sur, de Ana Lydia Vega) compuesta de negros, quienes trabajaban desde los años 1860s, juntos a otros (blancos y negros) para arrojar a los españoles (peninsulares) del poder en la isla. Esta sociedad secreta estuvo compuestas de negros del conocido barrio Yaurel (el barrio mas rural de la municipalidad costera de Arroyo). Este barrio que colinda con Patillas, Guayama y Cayey—es tambien conocido como el barrio mas negro de la municipalidad y el mas lejo que queda de la playa.
Finalmente, creo que describir el desplazamiento de las gentes que “tradicionalmente” han vivido en las costas como “ethnic cleansing” es politicamente poderoso porque tiene un tono de urgencia—y francamente, creo que ya es hora de implementar una politica de urgencia!
Huracán!
Como dicen en Santa Juanita: Your point is well taken!
Sí, monte adentro hay negros. Estamos empezando a darnos cuenta (por observaciones y por el record histórico). También nos percatamos de que Puerto Rico, históricamente, ha sido más negro de lo que hemos construido ideológicamente. Furidi, nombre de El Yunque en la voz de cimarronas y cimarrones! Tengo que volver a mirar el trabajo de Arlene Torres y conocer el de Hilda Llorens (que no conozco a través de otros medios). Gracias por las referencias! No te parece que hay un mundo literario que hay que costacontextualizar? El debate está en un gran punto.
¿Quién sigue?
Hola a todos,
esta discusion me trae a la mente algo que me dijo un pescador sobre el hotel-resort Paradisus, antiguo manglar de Cabo Miquillo en Rio Grande, area ciertamente ‘blanqueada’” al pasar de ser patrimonio de pescadores, jueyeros y cocoteros negros que alli pescaban carnada, arreglaban yolas y cazaban jueyes a ser patrimonio de blancos (y pronto coloraditos, despues quemaditos y peladitos) turistas de nortes diversos.
El pescador me decia: “Paradisus es paraiso. ?paraiso pa’quien? Pa’ nosotros no es!”
Carlos
Muy interesante el tema. Cabe mencionar que cuando Haití logró su independencia muchos dueños de esclavos vinieron a Puerto Rico con sus esclavos para continuar con el lucrativo negocio del azúcar. En el siglo XIX la zona sur de Puerto Rico mantuvo un auge en la producción azucarera y muchos de estos dueños de esclavos se establecieron en la costa sur. Si bien existe evidencia escrita de este suceso, también lo podemos rescatar mediante la tradición oral y la memoria colectiva de sus habitantes. Por ejemplo, en Guayama, “pueblo de los brujos” hasta hace poco se cantaban los rosarios llamados mendes en un francés criollizado. Como es posible que los habitantes de la zona no saben francés, pero cantan en francés el rosario?
Este y muchos otros datos nos resultan interesantes cuando nos dedicamos a investigar nuestra costas puertorriqueñas. Nos damos cuenta de que aunque el tiempo y el espacio del lugar ha cambiado, los habitantes de la zona, tienen mucho que aportar en sus costumbres y creencias a la hora de realizar un estudio de campo.
Estimado Prof. Valdés Pizzini:
Acabo de encontrarme gracias a Google con su blog y artículo “Limpieza étnica de la costa” donde hace referencia a mi libro sobre Guayama. Gracias por mencionarlo. Sin embargo, lo que me interesa de momento es hacer algunos comentarios:
1) en la introducción del libro especifico algo que es pertinente a su artículo y los comentarios de sus lectores: yo vengo de una famila (materna) de afro-jíbaros del sector San Diego del barrio Pasto de Coamo, y fue precisamente mi enojo con las repetidas referencias a una figura del jíbaro blanco (hasta para el monumento en Cayey usaron piedra blanca) una de las cosas que me motivó a estudiar la zona sureste como mi primer acercamiento al tema. ¿Qué entonces de esas familias de negros y mulatos oscuros de las colinas y montañas como las familias Martínez, Santiago, o Mateo de San Diego, por ejemplo, asi como tantas otras que recuerdo de mi niñez en Coamo?
2) En mi libro señalo que quedé sorprendido con el hecho de que aun en los barrios altos de Guayama, sobre todo Guamani y el “piedmont” de Caimital, los documentos del siglo XIX indican que por lo menos una tercera parte, si no más, de los residentes eran negros y mulatos (sin contar con los mulatos claros que “pasaban”). Es decir, aun en Guayama la africanía no se limita al litoral costero, ni antes ni después de la abolición.
3) ¿Y que tal de Cayey, uno de los primeros 15 municipios en esclavitud? Fernando Picó sacará pronto un libro donde espero discuta esto, y ya Isar Godreau y sus colaboradoras investigan también la realidad del racism presente allí y también en Arroyo.
4) Supongo que saben usted y sus lectores del esfuerzo por quitarle el nombre de “ciudad bruja” o “ciudad de los brujos” a Guayama. Casi me arriesgo a decir que eso habla por si sólo.
En fin, me satisface muchísimo encontrarme con su blog, el cual leere sin falta de aquí en adelante. Perdone lo largo de los comentarios.
Luis
Acabo de leer los comentarios sobre la tesis de la limpieza étnica de la costa. Es un tema interesantísimo y, a juzgar por la respuesta que ha tenido y la cantidad de participaciones, toca algo de nuestra sensibilidad que aun yace muy profundo. Yo vivo en una comunidad costera que Manolo conoce muy bien, y he sido partícipe – en cierta forma- del proceso de gentilización o elitización, que me parece un término más correcto que el de limpieza étnica. En La Parguera el problema del desplazamiento no tiene que ver necesariamente con raza, sino con otros elementos que son difíciles de categorizar: “clase”, quizás, actividad económica que se potencia o privilegia sobre otras, poder adquisitivo, nivel educativo, etc podrían ser algunos de los elementos a considerar en una exhaustiva etnografía de la costa. Lo étnico en lo de limpieza étnica para mí no está claro: ¿a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de etnia? ¿A raza, o más bien, fenotipo? Entiendo que este ha jugado un papel destacado en algunos casos, pero no en otros. El desplazamiento ha sido más como una toma de poder sobre el litoral en lo que ha sido un proceso de mercantilización de los placeres de la costa. Sería un “population transfer,” como cita Manolo, pero no siempre de poblaciones fenotípicamente iguales. En fin, solo algunos pensamientos de entrada porque el tema es muy complejo.
Luis: Gracias por tus comentarios. He disfrutado mucho tu excelente libro Sugar, Slavery and Freedom in Nineteenth-Century Puerto Rico (2005) aunque debo darle una lectura más profunda, pues hay cosas del desarrollo del campesinado que me interesan teóricamente y quiero ausculturalas con detenimiento.
Uno de los argumentos en este debate es que hay que empezar a cartografiar la costa de manera social y cultural. La negritud es una de las dimensiones. Hay otras. De eso se trata.
Zoraida Santiago ha objetado un poco a la inclinación a debatir esto desde la negritud, usando el caso de La Parguera. Reaccionaré a sus comentarios pronto, aunque admito que son correctos.
Insisto en la necesidad de buscar a la costa a la manera de Simon Schama, reconstruyendo paisaje y memoria; asunto que ha trabajado Ricardo Pérez en su libro sobre las pesquerías de Peñuelas y Guayanilla. La costa ha sido históricamente una compleja zona de flujo, de lenguajes, de idiosincracias, de mercados, de gentes.
A mi me interesa mucho la inserción de la gente en la naturaleza y su usufructo. De ahí que haya leído con mucho entusiasmo en tu libro el caso de Juan Bautista Vázquez y la compra de tierras en Pozuelo (161-162), cercano (¿tal vez en los márgenes?) de las piezas de caña de Jobos (puerto importante, estuario, manglar y sitio de varios corrales de pesca).
Es que a diferencia del cultivo de la caña y otras actividades, la pesca y las actividades costeras permanecieron casi invisibles en los documentos. Hay que sumergirse mucho en ellos para recatarlas o simplemente intuirlas.
No se, creo que en estos comentarios se cuece un buen “paper” colectivo sobre la costa. Se estila mucho en otras disciplinas menos en las nuestras. Tal vez se pueda ensayar con esto. Nuevamente, gracias por los comentarios.
Zoraida: Gracias por problematizar este asunto más y por complicarlo. Es uno de los objetivos de este debate, que va muy bien y se ha nutrido de experiencias historiográficas, sociológicas, etnográficas y personales muy diversas y muy enriquecedoras.
Por cierto, cuanto me alegro de que haya(mos) todavía científicos sociales que usamos el concepto de clase. ¡Huy! Pensé que nos habíamos olvidado.
Tienes mucha razón y si te he leído bien, hace falta trabajo comparativo (etnográfico e histórico, asunto que trae Luis e Idialia) para situar a la costa en su justa perspectiva. Carlos Carrero (Cale) ha trabajado la elitización en Rincón. Rima Brusi en La Parguera.
Tu comentario: El desplazamiento ha sido más como una toma de poder sobre el litoral en lo que ha sido un proceso de mercantilización de los placeres de la costa. Me parece genial.