No la entiendo
Libros, Literatura — May 25, 2008 10:36 pmDebo admitirlo. He tratado muchas veces pero hay algo en esa extraña relación escritora-lector que me aleja, que no me permite adentrarme en sus argumentos, en su lógica, en su constante referencia al hecho de que “soy escritora” y “universitaria.” Cuentos, prosa, ensayo, los he intentado todos. Pero sigo al margen de su escritura, Me siento mal, creo definitivamente que soy yo, que tengo un prejuicio textual que se eleva como una muralla entre mi lectura atenta y sus palabras. Me pasa con otros autores, pero el caso es más agudo con Mayra Santos Febres. Hoy domingo no la entendí para nada. ¿Qué quiso decir?
Yo misma me siento así. Me asustan los clásicos, no sé leer griego ni latín, he dedicado mi vida a los libros y sin embargo, me siento que no encuentro el hilo, que un conocimiento me falta. Y entonces me digo “ahhhh, que se joda” y regreso a la pachanga, a la tele, a la referencia fácil de la cultura de masas, porque esa no me intimida.
No sé, pero dejo la puerta abierta para que alguien me lo explique. Tal vez el tono es sarcástico, pero no lo entiendo. Para escribir hay que leer, sobre todo a los clásicos. Eso lo aprendí en escuela superior de la sabiduría de Laura Rios y luego se subrayó en el primer curso de Humanidades con Raúl Cotto Serrano en Río Piedras en 1972.
Si estaba hablando en serio, le puedo recomendar un librillo fantástico: Por que leer los clásicos de Italo Calvino. Para el lego, hay una invitación y un tour guiado a través de La Odisea, La cartuja, los viajes de Conrad, Boris Pasternak (mi generación supo de su poesía por medio de un filme), Hemingway y Borges, entre otros.
Mi comprensión del mundo no estaría completa si no hubiese leído La Iliada y La Odisea. El mundo no es igual sin Ovidio. Ahora, a los 53 años descubro a Melville. ¿Cómo es posible que haya escrito tanto sobre los hombres y el mar sin haber leído nunca a Melville? De pequeño leí a Cyrano y Cándido me cautivó desde la primera página. Flaubert me pareció maravilloso y la poesía vulgar y terrenal de Catulo me ha permitido ver las cosas de otra manera. Ulysses de Joyce espera paciente a que me desocupe.
Hay que leer los clásicos y Calvino (su libro Las ciudades invisibles es para mi un clásico) ofrece una guía de 14 ítems para identificarlos. (La primera es que un clásico es un libro que estoy releyendo, por ejemplo, Los pasos perdidos de Alejo Carpentier, que ya perdí la cuenta de las veces que lo he releído).
Nada, que hay escritores o escritoras con los que uno no logra encajar y Mayra Santos Febres es para mi una de ellas.

Para leer su artículo favor de pulsar abajo.
Mayra Santos Febres
Todo el mundo lee. En los salones de belleza, en las guaguas, en las oficinas. En los pasillos de hospitales, en los centros comerciales, en los parques. La gente abarrota las filas de las librerías, la gente pregunta por la lista de más vendidos, la gente se ha descubierto lectora y busca, encuentra, ojea, compra. La pregunta es qué lee.
Me temo que dos cosas de manera primordial: best sellers y autoayuda.
Habría que hacer un censo. Pero me atrevo a adelantarme a los resultados. El perfil de los lectores de mi país sería éste: leen más jóvenes que viejos. Los muchachos leen “manga” -que son novelas gráficas de animación japonesa- muy violentas, muy épicas, de excelente estructura narrativa. Leen más mujeres que hombres. Las mujeres entre los 18 y 40 años leen autoayuda. Hay un sector significativo de lectores que buscan best sellers americanos: “El Código da Vinci”, las novelas de Anne Rice, algo de Stephen King. Pocas veces leen en español. La gente que sí lee en español le encanta Isabel Allende o redescubren al Gabo a raíz de la película de “El amor en los tiempos del cólera”. Nunca leen las novelas de autores americanos que sí son llevadas al cine.
Poca gente lee lo que se considera literatura.
¿Por qué? ¿Cuál es la resistencia, pregunto yo, a leer libros “literarios”; libros que no te den 11 consejos acerca de cómo ser más feliz o que tengan muñequitos o que te narren aventuras llenas de acción y de poca, casi nada, reflexión? Confieso que hablo desde la envidia más pura. Me encantaría vender tanto como Pablo Coelho, que mis amigas del beauty me digan, mientras me cortan la maranta, “ay nena, te botaste con tu último libro, me has enseñado a vivir”. Pero no. Nada. Escribo literatura para minorías y, sin embargo, aspiro… Aspiro a conversar con el mundo.
Sé que no son los precios (aunque $22.95 puede ser monto privativo). Es cómo se lee. Leer literatura implica conversar con una tradición, con un acervo de lecturas que van componiendo el marco de referencia de saberes que una reencuentra entre las páginas de un libro. Casi como si se fuera detective, un lector descubre y conversa con las lecturas, influencias, referencias en los libros del que escribe. Y ese es el problema. Somos un país joven, de una escolaridad que ha enfatizado lo técnico y que por nuestra extraña pertenencia al mundo Occidental no nos sentimos confiados de poseer una tradición literaria. Yo misma me siento así. Me asustan los clásicos, no sé leer griego ni latín, he dedicado mi vida a los libros y sin embargo, me siento que no encuentro el hilo, que un conocimiento me falta. Y entonces me digo “ahhhh, que se joda” y regreso a la pachanga, a la tele, a la referencia fácil de la cultura de masas, porque esa no me intimida.
Soy, al fin de cuentas, una lectora arrimada, que mira el festín por la ventana; pero que quiere participar de ese festín. Proponer un plato siquiera.
Quiero participar del mundo.
¿Pero desde cuál tradición? ¿Desde qué sentido de referencias? Ya lo dijo Edgardo Rodríguez Juliá en “Caribeños”: el escritor marginal tiene que asumir “la cultura occidental” como propia, y esa cultura es inmensa. Hay que saber lo de uno y lo ajeno, leerse a los franceses y a los ingleses y también a los latinoamericanos y a los boricuas. Y eso es mucho. Los franceses sólo tiene que leerse a ellos mismos.
Pero bueno, esas son las reglas del juego, de este juego transmoderno y neoliberal. El juego de siempre. Me consuelo preguntándome ¿de qué me quejo? Tal vez nunca gozaré del respeto de los franceses, pero terminaré sabiendo más que ellos.
Aprendiendo, por ejemplo, a vivir con esta terrible sensación sobre la piel, la de ser la arrimada siempre.
Paro de escribir. Ni una letra más. Tengo que ponerme a leer.

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10 Comentarios
Manolo:
La explicación fácil que se me ocurre es que algo como: “Y entonces me digo “ahhhh, que se joda” y regreso a la pachanga, a la tele, a la referencia fácil de la cultura de masas, porque esa no me intimida”; lo diría mi hermana que no pasó de 9no grado pero jamás lo escribiría ni en una carta a mis tías.
Eso dicho, me parece que Mayra Santos escribe como habla… eso me recuerda a José Alonso (lo conoces?) que cuando leía sus cartas a las autoridades universitarias me parecía oirlo hablando en uno de esos viajes a SJ por la autopista LAF (via Ponce) cuando él guiaba y yo escribia para adelantar tiempo.
Eso…
-MO
Saludos Manolo:
A mí tampoco me gustó el artículo. Me explico: si es una confesión sincera de Mayra, pues no hay nada que discutir. Ella como escritora puede asumir su “marginalidad” y la de sus colegas escritores inventando su propia “tradición” y desde las inseguridades que quiera. Tampoco tiene que dejarse regir por los cánones impuestos desde los centros de poder.
Lo que citas del artículo a mí no me parece sincero y por eso no me incómoda. Pero no me gusta lo siguiente:
“Quiero participar del mundo.
¿Pero desde cuál tradición? ¿Desde qué sentido de referencias? Ya lo dijo Edgardo Rodríguez Juliá en “Caribeños”: el escritor marginal tiene que asumir “la cultura occidental” como propia, y esa cultura es inmensa. Hay que saber lo de uno y lo ajeno, leerse a los franceses y a los ingleses y también a los latinoamericanos y a los boricuas. Y eso es mucho. Los franceses sólo tiene que leerse a ellos mismos.”
Pobre de los franceses si consideran que tienen que leerse sólo a ellos mismos porque eso es herencia del imperialismo. Algo similar ocurre con los intelectuales de EEUU que en su mayoría sólo saben inglés mientras que nosotros sabemos al menos dos idiomas y en muchas ocasiones tres. Lo que nos formamos en las ciencias naturales muchas veces tuvimos que lidiar con humanistas que podía dar una clase sobre el Renacimiento y nunca haber leido a Galileo o a Cardano. Humanistas que no saben nada de Cálculo. Yo podría parafrasear a Juliá y decir que nosotros los científicos, para que nos consideren cultos, tenemos que saber lo nuestro y también literatura, cine, arte y un largo etc.. Pero, por qué insistir en eso como si fuera una desventaja o un obstáculo. Sólo se puede quejar de eso quien aspire a tener el éxito fácil y un poco hueco de muchísimos autores que escriben desde los centros de poder. Los intelectuales estadounidenses, por ejemplo, arrancan con ventaja por cuestiones históricas de poder y muchas veces son reconocidos por esas mismas estructuras a pesar de sus ignorancias. Tal vez a eso se refiere Mayra cuando cita a Juliá. Y la verdad es que cuando uno cobra por primera vez conciencia de esa situación se descorazona un poco. Pero, al menos en mi caso, si pudiera volver a nacer y me dieran a escoger dónde hacerlo, les aseguro que pediría nacer en el “tercer mundo”. Me encantaría Brasil, para variar…
Porque es muchísmo mejor sentirse desde joven que hay que leer a todo el mundo que llegar a viejo con la ignorancia de un gringo o de “un francés”.
Pues yo entiendo el escrito de Mayra Santos de una manera un poco diferente a lo que Manolo ha interpretado. Me parece que sus preocupaciones son muy legítimas. La literatura que lee la mayor parte de nuestra gente no es la que producen los académicos. Así que se escribe la mayor parte de las veces para un grupo bien reducido de personas. Y esa es la realidad. No es lo ideal pero es la realidad. Por otro lado, admiro el hecho de que Santos es capaz de confesar “que le asustan los clásicos”. Esa humildad y autenticidad es para mi mucho más importante que el valor de la lectura de los clásicos. Me veo obligado a respetar su experiencia y a reconocer el valor que implica compartir la misma.
Me parece que el fin del artículo de Mayra Santos es un cuestionamiento de su trabajo como escritora y el impacto que el mismo tiene en el pueblo. Se publica, se escribe en blog, participamos es discusiones pero la mayor parte de la gente están en la pachanga y en la tele. A ese grupo nunca llegamos…
Saludos otra vez. Tengo que decir que estoy de acuerdo con la apreciación de Mario Núñez. En mi comentario quise poner énfasis en que “ese sentirse obligado a leer a todo el mundo” no necesariamente es una desventaja y la misma Mayra parece sentirse así cuando afirma
“…Me consuelo preguntándome ¿de qué me quejo? Tal vez nunca gozaré del respeto de los franceses, pero terminaré sabiendo más que ellos”.
Sin embargo, no estoy para nada de acuerdo con la afirmación de Rodríguez Juliá de que “…el escritor marginal TIENE (énfasis mío) que asumir “la cultura occidental” como propia….”. Para ser justo confieso que no he leido ese libro y por lo tanto no puedo poner en contexto sus palabras. Sin embargo, es enorme la cantidad de escritores y escritoras que desde el “margen” no asumen la cultura occidental como propia. De hecho, la misma Mayra Santos es una de ellas.
Manolo, el mismo adjetivo de “clásico” es problemático. Porque, como tus mismos ejemplos ilustran, en demasidas ocasiones lo clásico es lo “occidental”. Por qué, para poner un sólo ejemplo, las épicas africanas, como la de Sunjata Keita, no se enseñan con tanta reverencia como las épicas griegas o nórdicas. El imperio de Malí, fundado por Sunjata Keita en el siglo XIII, y las culturas que se desarrollaron en su ámbito son tan importantes para entender el mundo en que vivimos como el Quijote, pero no se enseñan ni por casualidad y ni siquiera se mencionan. Mayra dice que a ella le asustan los clásicos y si lo pensamos bien en cierta medida nos deberían asustar porque los clásicos definen en parte qué es lo que se considera cultura universal y el occidentalismo se creó y desarrolló como parte de proyectos imperialistas y de exclusión. Hay que intentar seguir leyendo todo, pero no reverenciar nada….
Manolo y demás:
Me considero un ignorante de los “clásicos.” De niño me enseñaron que clásico es algo que a uno le gusta y le
perdura en el tiempo.
Ahora, de viejo, solo leo libros escritos para mí. Son pocos, pero los disfruto inmensamente. Otros libros que dicen ser muy buenos, a veces no me gustan. Creo que fueron escritos para otros.
De todos modos voy a comprar Los Pasos perdidos y Por qué Leer a los Clásicos. Generalmente lo que tu recomiendas suele coincidir con el gusto mío.
Jaime
A mí me pasa algo similar a lo que dice el escritor de este blog. No sé nada de teoría literaria, no me atrevo a pasar juicio sobre el valor y la importancia de un escritor. Pero a mí Mayra Santos me parece que ella misma se ha creado un personaje con ese nombre: Mayra Santos, escritora de avanzada, que está en todo pero no acepta nada, que pudiera decirse (aunque pueda ser una percepción mía equivocada) que utiliza su resonancia como una especie de pasaporte al mundo de lo chic, sin aceptar nunca que es chic. No está aquí, ni está allá, porque tal vez crea que no tiene que estar ningún lado. Es como el personaje que todos quiseran tener en la lista de invitados en una cena que luego reseñen en ciertos círculos. ¿Un mito autocreado? Algo así como mayrasantos.com
Lo más probable es que no sé de lo que estoy hablando. Pero, como no la entiendo, no le presto mucha atención. Creo que algunos dicen que ese es precisamente el punto, que el escritor no se debe a nadie y puede hacer, decir y asumir lo que le dé la real gana, hasta gritar ¡fuego! en un teatro.
Pero sé que a Mayra Santos la citan mucho y aparece mucho en los medios de comunicación. Silvia del Villard y La Lupe: a esas la genialidad se evidenciaba no a través de un aura social sino porque no había duda, aunque uno no supiera nada de actuación o de canto. Tal vez ahora hay que inventarse un personaje y hacerlo pasar por persona. Teatro, puro teatro. He ahí un género literario que tal vez le siente bien a Mayra Santos.
Que los que sepan del asunto me ilustren, por favor. Y a la señora Santos mis respetos. Tal vez el arte, la literatura y el cine son esferas insondables que sólo los estudiosos tienen derecho de opininar. Pero si es así: ¿porque Borders me harta de publicidad para que compre sus libros?
Me luce que el articulo de Santos Febres, sugiere, entre otras cosas, el viejo dilema de si escribimos para la audiencia o para expresar lo que arde e inquieta en nuestro interior. No negaremos que si algo se publica, en cualquier medio, deja de ser privado. Pienso, sin embargo, en el planteamiento ( en su tiempo desmitologizador), de Roland Barthes: “Muerte del autor”. Barthes sostuvo que el lector (no el/la autor/a) es el elemento importante en la mirada de un texto. Caben tantas lecturas como lectores. Visto de esta manera, la critica literaria (y en el sentido de Barthes, todo lector es un critico) en cierto modo se reduce, a mi juicio, al factor hermeneutico. Desde esta optica la significacion de un escrito no descansa en la categorizacion historica que hayan determinado los eruditos del momento que ostentan el poder/saber (p.ej., clasico; moderno,etc.) . Ciertamente hay ‘clasicos’ pre-modernos, modernos y posmodernos. Reconozco en mi, no obstante, la necesidad de conocer lo escrito en otros tiempos por la curiosidad, el gusto y el placer de leer y, sobretodo, conocer. De otro lado, me pregunto porque a Santos Febres le gustaria “vender tanto como Pablo Coelho”? En cualquier caso, yo hubiese esperado que le gustase tener tantos lectores como Coehlo. Creo que tampoco debemos perder de vista el enfasis contemporaneo en el factor ‘mercadotecnia” como influencia poderosa en lo que la gente lee, y de que tratar de llegar a un publico amplio de lectores es posible si se esta dispuesto a simplificar y allanar un texto en funcion de vender el producto. Hay diversidad de sectores que leeran textos de interes academico, profesional o de entretenimiento, segun escojan. Es mas, me aventuro a decir que aun en textos densos y enrevesados hay lectores que encuentran diversion y esparcimiento del tipo que muchos encuentran en textos livianos y llanos. Lo que si me parece, y no me extrana, es que a Santos Febres le atrae el ensimismamiento y la publicidad. Que raro en un autor!
Aquí hay un debate complejo que se manifiesta en varios niveles. La intención mediática de la autora y su representación de sí misma. Coincido con Antonio Rivera (no lo pude expresar mejor) y con José Felipe en su análisis de la intención de la autora y su posición frente a los lectores y su número. Por eso difiero dramáticamente de mi buen amigo Mario Nuñez, quien le atribuye humildad y autenticidad.
Por otro lado, no nos ofusquemos con los clásicos. Cada cual tiene los suyos y de lo que se trata es de leer unas obras importantes que van desde el país natal hasta otras culturas y sociedades. Yo tengo mis clásicos, siguiendo la lista ofrecida por Italo Calvino.
Mario: Jung debe estar en esos clásicos ¿qué te parece? Hay que ver lo que aporta Errol sobre el particular, las sagas, las historias africanas, las otras voces. Tal vez saber quién era Chinua Akebe (All things fall apart), para entender esa literatura africana.
Por ejemplo, la literatura desde el corazón de la experiencia de los pueblos, aunque sean desde la pluma de los intelectuales. Pienso en la novela Yawar fiesta de José María Arguedas, que entre castellano y quechua describe un mundo en convulsión.
Es más, me voy con Jaime Gutiérrez, para quien un clásico es simplemente un libro que le gusta.
Saludos Manuel Valdés Pizzini,
No tengo idea de como llegó Antrópico a mi dirección electrónica, pero debo admitir que me encantan sus debates. Son alimento y a la vez diversión para una mente a veces cansada por el trabajo y la tarea cotidiana. Necesita alejarme de lo “chabacano”que inunda todos los medios de comunicación sin exclusión alguna.
Me voy a atrever a hacer comentarios al margen de los que respondieron a su reacción al artículo de Mayra Santos. TODOS aportaron algo interesante al diálogo, y subrayo la importancia de ese diálogo,al menos no pasó desapercibida la preocupación de la escritora.
Coincido con Montes Pizarro en que no debemos “reverenciar nada” y no despreciamos por eso los clásicos de occidente mencionados aquí como lectura de rigor. La reacción de los lectores es importante cada uno tiene su Weltanschauung que debe respetarse. Me preocupa ganar mas adeptos al ejercicio de la lectura, pero dándose de baja por no entender y volviendo a lo chabacano conocido no es buen ejemplo. Aprendí a leer de todo, lo rudimentario y a veces árido con perseverancia sintiéndome satisfecha con sacar algo del contenido.Humillada por lo incomprensible debido a mis limitaciones no me detuve en mi pasión por la lectura.
Estoy en desacuerdo con su comentario de que somos un país joven que no se siente confiado de poseer una tradición literaria. Le invito a tomar dos semestres de literatura puertorriqueña, la cual abarca puertorriqueños que escriben no solamente en la Isla sino desde el exterior. El tiempo no le dará para cubrir tantos escritores de todos los tiempos. “Somos un país joven .”Joven comparado con qué países?
Coincido con Gonzalez Pabón al apuntar en lo ensimismada que está , pero eso es común entre personas isleñas, hay una tendencia a creer que somos el ombligo del mundo.
Sobre su comentario (MVP) de Chinua Akebe,”Things Fall Apart” también exhorto a leerlo y luego el poema de William Blake “The Second Coming” , “things fall apart the center cannot hold “.
Gracias por su estimulante columna, de parte de una abuela cibernética,
Elsa Coca-Mir
¿Manolo?
Fonz