Aida Caro Costas

Historia — September 30, 2008 4:53 pm

Nunca fui su estudiante ni la conocí personalmente. No tengo idea de cómo era. Pero me consta que su fallecimiento ha pasado fugazmente por nuestros medios de comunicación. Muy poca gente conocía su obra, más sin embargo, quien se haya interesado por la vida social y pública del Puerto Rico de los siglos diecisiete y dieciocho debe reconocer el nombre de la insigne historiadora.

La vida cotidiana y la vida pública de ese periodo fueron documentadas oficialmente a través de la institución política del Cabildo. Toda práctica, reglamentación y debate se canalizó a través de éste instrumento de los partidos originales, que luego fueron parte de la cosa pública boricua. Las deliberaciones, las ordenanzas, los precios, las medidas, los gremios, las directrices de la Corona, la propiedad de la tierra, los derechos y las obligaciones, así como la vida social fueron objeto de debates, edictos, reglamentaciones y opiniones de las clases dirigentes y sus escribanos, que construyeron, sobre el papel, un territorio muy peculiar, a partir de los conflictos entre la gente que ocupó la ínsula. Es en esos documentos (producto refinado de las deliberaciones) donde se manifiestan los primeros pasos de una conservación de los recursos marinos y costeros, según se revela en la extensa documentación sobre los corrales de pesca que se pergeñó y se conservó en las Actas de los Cabildos, así como en otros fondos documentales.

Aquí me refiero a mi memoria, con un poco de inseguridad, pero mi mejor recolección de eventos es que la Dra. Caro participó en el proceso de rescatar documentos históricos y transcribirlos para el examen de la nueva generación de historiadoras e historiadores, y de ahí el proyecto de la publicación de las Actas del Cabildo de San Juan por el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Ella fue la Directora del Archivo Municipal de San Juan de 1948 a 1950, y posteriormente del Archivo de la Fundación Luís Muñoz Marín. Fue también directora del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.

Todas y todos los estudiantes de la UPR recordamos la Antología de Lecturas de Historia de Puerto Rico, que ella recopiló y que se publicó en 1971. Pero de lo que me consta, por haberlas consultado, es que la Dra. Caro publicó dos joyas sobre la vida municipal: Legislación municipal puertorriqueña del siglo XVIII (1971) y El cabildo o régimen municipal puertorriqueño en el siglo XVIII (1974). Son estas obras dos mapas políticos que nos permiten transitar y vadear seborucos y aguas anegadas en el paisaje político-social del siglo XVIII y empezar a entender esa puertorriqueñidad (en un sentido amplio, de forja de sociedad, economía y cultura) que tan precisamente ha descrito Ángel López Cantos en su estudio Los puertorriqueños: mentalidad y actitudes (Siglo XVIII), publicada en 2001, por Ediciones Puerto, San Juan.

La historiadora Carla Rahn Phillips, en un ensayo sobre la organización de los imperios “oceánicos” ha trabajado el caso de España (2007), desguazando a la organización de los Habsburgo en los siglos dieciséis y diecisiete y su vertebración del Imperio a partir de la Iglesia Católica, las lealtades familiares de los súbditos y enviados, las conmemoraciones oficiales y los eventos públicos, el reclutamiento de la milicia local y la forja del aparato burocrático, junto con los juicios de residencia que eran una evaluación del quehacer de los gobernadores. La Dra. Aida Caro Costas publicó en 1978 el estudio El Juicio de Residencia a los Gobernadores de Puerto Rico en el Siglo XVIII que abre dos ventanas: una al mundo estructurado de las cortes y su protocolo y otra al “tajureo” boricua de todos los días. Es allí donde se descubren las trampas, el racismo, las clases, los manejos y tejemaneje del contrabando, los favores y el nepotismo. Es en esos juicios donde Ángel López Cantos ha “descubierto” parte de los desmanes de la familia Calderón, los gobernadores de turno y de sus adláteres, para enterrar en vida al mulato Don Miguel Enríquez en el siglo dieciocho. Esa es otra obra que hay que estudiar con detenimiento.

Yo he “perseguido” por mucho tiempo (tal vez ya es hora de darlo a la luz pública) a pasajeros, corraleros, gente de mar, tenientes a guerra y funcionarios de los cabildos en su gestión de usar, controlar y adjudicar los recursos pesqueros de los estuarios y las costas. Afortunadamente, la obra de la Dra. Aida Caro Costas me permitió pisar firme, la mayor parte de las veces, por ese mundo confuso y líquido de los corrales de pesca y de los ayuntamientos.

La profesora Caro escribió y publicó también estudios historiográficos sobre la Villa de San Germán y sobre el diputado a las Cortes, Don Ramón Power y Giralt.

El Nuevo Día publicó una reseña sobre su vida, a la que pueden acceder pulsando aquí.

Invito a las y los estudiosos de la Historia que tengan información sobre la Dra. Caro, a que lo envíen a través de los comentarios. Es curiosamente triste que de una figura cimera en nuestro quehacer historiográfico no exista mucho en el Internet.

    3 Comentarios

  • Jaime Gutierrez says:

    Cuando un investigador se enamora de un tema su paroxismo se hace eterno. Veo que los corrales de pesca todavía recerberan en tu mente después de “Las comunidades pesqueras’ y Puerto de la Corona,”es decir pasados más de treinta años cuando perseguias ancianos por las costas y ríos de Puerto Rico para que te hablaran de los corrales de pesca.

    Espero que continues por mucho tiempo más contaminando a los jóvenes con la pasión por la investigación socio-histórica de Puerto Rico y el Caribe

  • Frances Marie Cebollero says:

    Estoy de acuerdo contigo Manuel… soy la nuera de la Dra. Aida Caro Costas… poco hay en internet sobre ella… su legado de la Historia de Puerto Rico, es muy valioso… se hizo todo tal y como ella queria… por su humildad ante todo… pero ella quedara en la mente de todos las que la conocimos y compartimos con ella… todos los que tuvieron la oportunidad de estar cerca de ella… fue una suegra y abuela a todo dar… y quedara por siempre en nuestros corazones… QDEP

  • LUIS E. RODRIGUEZ says:

    Me entero ahora, 4 anos despues, por mera casualidad. Fue mi profesora de Historia de Puerto Rico an la UPR alla en el ano de 1967.
    Era una senora flaca, se peinaba con un mono a la antigua, muy culta, competente, inspiraba mucho respeto. Fui uno de los pocos que logro sacar calificacion de excelente en su clase. Para esa epoca, si bien recuerdo, ella era la esposa del Director del Museo de la UPR, Don Osiris Delgado. A pesar del tiempo y la distancias de mi isla, de mi alma mater, siempre recuerdo a esta noble dama.

    Luis Rodriguez
    Flushing, NY USA

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