¿Ya terminaron de llorar por Borders?
Libros, Palabras, slideshow — August 10, 2011 1:08 pmEl lloriqueo por la partida de Borders ha llegado al borde de lo insoportable. La mayoría de la gente siente dolidamente su partida, mientras que los que apoyan el sistema de los comunes, y el sistema de libros e información abierta, cosa que yo apoyo parcialmente, se regocijan por la muerte de cada librería de papel.
Pero, Borders era una librería y mala, pero mala de verdad. Un maldito Walmart de libros. Muchos de los que trabajaban ahí (en mi experiencia) eran unos arrogantes pretendiendo de bibliófilos (había sus excepciones). Por lo menos, muchos con quienes me topé.
La librería (que tiene y tendrá un precioso futuro en el mundo de los libros electrónicos, y aquí lo auguro), está atada a la artesanía intelectual y material de hacer libros, que tiene sus orígenes en los manuscritos, los monasterios y los códices. Algunas personas nos adscribimos a ese modelo pre-capitalista, de papel, de ventas, de mercados y ferias. Y en ese mundo, la librería es un nodo importante, tal vez el fulcro del sistema. Pues, ¡que vivan las librerías!. (En otro momento le podemos dedicar tiempo a las editoriales, que son, otra cosa, el capitalismo de verdad.)
La caída de Borders tiene que ver con todo menos con su supuesta función social; tiene que ver con un proceso de quiebra de su oficina matriz. Sospecho que las tiendas de la Isla eran exitosas.
Recomiendo leer la carta de Gina González al El nuevo día, el jueves 21 de julio, para ver la cara de los autores en esa debacle.
Es muy probable que los clientes de Borders, que se entretenían leyendo libros sin comprarlos, nunca llegarán a entender que luego de que los leyeran, doblaran, ensuciaran y dejaran tirados donde quiera sin pagarlos, era el autor quien absorbía esa pérdida. Cuando Borders compraba los libros, se los pagaba al distribuidor, y este a su vez nos hacía eventualmente el pago a los escritores. Si la librería se los devolvía, como ya nos habían pagado los libros, entonces todos quedábamos en deuda con el distribuidor.
Quienes pagábamos la supuesta pérdida por los libros leídos éramos los autores, sobre todo los locales, a quienes Borders le tomaba los libros a consignación, y aquellos no vendidos (por estar maltratados o mutilados para el que los quiere comprar nuevos) eran devueltos, y por ende, eran pérdida, no para la tienda, sino para los distribuidores y los autores. Para aquellos que leían libros de gratis, sobre todo en la sección de Puerto Rico, para ustedes va dedicada esta columna.
Las librerías pueden ser y son, en muchos lugares, centros culturales importantes, manteniendo su carácter de tienda, de ventas de libros. Pero requiere, arte, artesanía, maestría y sensibilidad. Mucha gente llora a Borders, y que bien por ese amor por los espacios semi-públicos y por lo que allí se transpira, que es importante. Lo entiendo muy bien. Pero hay otros espacios… o lugares importantes para quienes amamos los libros.
Yo auspicio, visito y vivo La tertulia en Río Piedras. Allí almuerzo, tomo un rico café, me encuentro con colegas y estudiantes, me reúno, y compro libros, muchos libros. Alfredo Torres trae una selección extraordinaria de libros que jamás encontrarán en una tienda como Borders, que al verlos, hojearlos (por mucho tiempo, a veces leyendo secciones enteras), olerlos, sentirlos, me atraen y los compro y me los llevo. Muchos de ellos. Los libros pueblan mis estantes y teóricamente caben en mi Ipad, pero hay una gran diferencia en referencia a los otros sentidos no utilizados en el proceso de leer un libro (y comprarlo, claro está). Pero esa es mi decisión, a pesar de que apenas caben ya en el cuarto de mi casa dedicado a ellos. Por otro lado, los libros que pueblan el mundo electrónico son las novelas lite, los de suspenso, llamados polars por los franceses, los libros de ayuda y una que otra cosa inane. Dudo mucho que hayan libros de peso intelectual (ya he mirado).
La gente hojea los libros en La tertulia, y algunos se sientan a leer segmentos de ellos… pero los compran, o se llevan otros que han hojeado. Nunca he visto a Alfredo con un foete fustigando a esos lectores (y el día que lo haga, sus razones tendrá).
Allí me entero de muchas cosas del mundo del saber, voy a las presentaciones de libros, converso con autores y hago nuevas amistades (no muchas). Alfredo o Eddie me recomiendan libros que han leído, o me cuentan lo que algunos lectores le dicen sobre las obras, lo bueno y lo malo. Esa es la esencia de la librería. Me consta, sus clientes (preferiría llamarles de otra manera, pues somos una especie de socios) estamos pendientes, con la prudencia que amerita, de la salud del lugar… pues es nuestro espacio favorito. Queremos que prospere… tanto ese espacio, como su dueño.
Pero, volvamos a Borders.
¿Quiéren jugar ajedrez? Bajen las aplicaciones en su aparatos y ¡voilá! Vayan a las plazas públicas… ¡upps! ¡no hay aire acondicionado! Pero hay opciones… ¿Quieren leer libros en espacios públicos? Entonces vamos a auspiciar las bibliotecas municipales, que en otros países son una maravilla y hay de todo, hasta DVD con películas, programas y documentales, así como música para los melómanos. Pídanle ese espacio público a Plaza Las Américas. Apuesto a que los Fonalledas (como empresa) no leen libros, sólo cifras y dividendos.
Nadie ha llorado por las librerías locales, que han capeado los temporales de los costos, las crisis, los hurtos, los altos precios de los libros y los embarques, los impuestos y la desidia de todos. Algunas han pagado caro también su anquilosamiento, la falta de innovación, la falta de sensibilidad (como por ejemplo, anaqueles cerrados al público, y venta en el mostrador), la arrogancia de ese librero sabelotodo e intransigente y la ausencia de estrategias de mercadeo. Y cómo pasa todos los días en el horrendo mundo de la competencia, han sucumbido. Ricardo Fraga del Valle, de Toa Baja, tuvo a bien escribir esta carta del lector a El nuevo día, el lunes 1ro de agosto de 2011, y con la que me adscribo totalmente, y con ella los dejo llorando por Borders:
Que otros lloren a Borders. Mis lágrimas se agotaron entregadas a los dedicados y cultos libreros que sucumbieron a la ferocidad comercial a ese monstruo que hoy todos saquean por los descuentos de liquidación. Borders es igual que las devoradoras megatiendas. Destruyen todos los pequeños y medianos negocios que les circundan y después desaparecen, dejando no tan solo un vacío comercial, sino además una dolorosa estela de desempleados. Hay tierras explotadas por mineros a cielo raso, donde después de extraer todas las riquezas, las abandonan y esas tierras jamás serán fértiles. Espero que la tierra abandonada por Borders sí sea fértil para permitir el renacer de nuestras pequeñas y numerosas librerías locales.


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24 Comentarios
Saludos. Esta es una de las entradas de Antrópico que más me ha gustado y con la cual estoy totalmente de acuerdo. De paso, la gente, todos y todas, deberíamos también volver a las plazas públicas, aunque no haya aire acondicionado. Deberíamos volver a hacer ciudad y pueblo.. pero eso es otro tema.
Completamente de acuerdo. Borders era como cualquier otra megatienda por departamento. Igual que una tienda electrónica con libros populares. Aunque me encantaba como espacio admito que siempre emanaba ese aire de capitalismo y plusvalía asqueante. He tenido la oportunidad de visitar la tertulia y otras librerías pequeñas que encierran una magía como ninguna otra. Cada una son su propia identidad y sus eccéntricos empleados.
Ahora a apropiarse de las librerías locales… hay que hacer un consorcio para promover la promoción de estas librerías. Me encantaría trabajar con este tipo de cosas… así que si algún lector o dueño de librería se anima a llenar el “vacio” de Borders, comúniquese. Me encantaría trabajar con esto.
C. Emil
Buena idea, César. A ver que pasa…
Manolo me has ayudado a clarificar el por que de mis sentimientos encontrados, plasmando diafanamente las contradicciones de ese monstruo. Tus experiencias en La Tertulia me traen recuerdos de mis dias en la Iupi y me da nostalgia por la ausencia de ese tipo de espacios en el area oeste .
Manolo… sigues demasiado apegado al papel, un medio que es hoy simplemente innecesario para transmitir información. ¿Dónde puedo yo comprar un buen libro impreso en Puerto Rico? ¿En La Tertulia? ¿Crees que voy a ir desde Aguadilla hasta allá a comprar un libro? Si está en Amazon, quizás sí. Y si está electrónico, aún mejor porque lo llevo en mi computadora.
José, sí, sigo apegado al papel, no lo niego, pero es que en el medio electrónico está la leña que hacer orilla y no se consigue mucho. Además, la librería tendrá su espacio en el mundo electrónico, como salón de exhibición, y seguiremos publicando en papel, aunque cada día menos. Está en las cartas. Yo, como tengo compromisos con UPR-RP, voy por esos lares. Pero antes, cuando no los tenía, e iba a San Juan para otros asuntos, siempre me detenía en La tertulia. Si en nuestra área hubiese una así, aquí me quedaba y la auspiciaba. Y me fascina Amazon… ¿qué más te puedo decir?
Canny, Cesar, Cristina (son tres C)… los lugares y ciertas tiendas nos evocan muchas cosas, y las librerías tienen sitial muy especial en mi memoria. He soñado con librerías que no se si existen, en una callejuela de Praga. He encontrado libros fabulosos allí, pero no recuerdos sus títulos. Hay cosas buenas que se pueden rescatar de ese capitalismo asqueroso de Borders: el espacio para los niños, un lugar de estar, mirar los libros, encontrarse con gente, y me cuenta mucha gente que entre los estantes de poesía se gestaron encuentros románticos de primer orden. Como dice Cesar, las librerías locales tienen su magia, que nos envuelve. En Cronopios descubrí yo el universo de Sabina, y otras delicias de música, así como unos libros rarísimos. Hay otras que me sorprenden con sus cosas, tan extrañas como útiles. Nada, que viva el papel… aunque le quede poco.
Seré breve. Si la gente quiere llorar, que llore. Y si quieren seguir llorando, que sigan llorando. Por alguna razón que no entendemos bien es que siguen llorando.
Gracias por el articulo! Yo jamás entendí la histeria de que cerraran a Borders. Entiendo su contribución de fomentar, al menos la lectura en personas de todas las edades y todos los sectores. Yo nunca encontre mucho que me interesara. Ojalá ese mismo espiritu que se respiraba alli pueda ser trasladado a nuestras bibliotecas municipales y librerias/cafés locales, como bien dices. En cuanto al debate de la libreria digital vs. libreria tradicional, debo confesar que en PR no llegan muchos titulos que me interesen de mi area de estudios, por lo que recurro al internet. Pero si de libros “por placer” se trata, nada mas rico que pasarte horas rebuscando en la Tertulia.
Como me han dicho que soy muy analítico no lo voy a hacer ahora :) La gente llora porque en su interior se sienten aburridos. Aburridos por la “falta”de alternativas accesibles a lo largo y a lo ancho del espectro, no solo de libros. En lo personal, el papel tiene algo que roza en lo sensual y se deja escribir, estrujar se amarillenta, algo que se asemeja a la naturaleza humana. El cliam actual del internet es uno muy tumultuoso y nebuloso. No se sabe ni lo que baja por ese cable y mas aun, esta siendo manejado automaticamente por programados que afinan el contenido de acuerdo al contenido del “internetvidente”.
Ah, se me olvidaba. El papel también permite independizarse de los electrones, aunque sea por un periodo corto. TE brinda libertad de buscar tus espacios de lectura y de compartir sin estar buscando donde esta el enchufe mas cercano. También, por ejemplo, me permitiría leer “Usmail”, el cual compre en una venta de libros en las aceras de RP. Digo, cuando me acuerde y haga el tiempo de repasar el clásico.
Ernesto, excelente tu defensa del papel en los libros y de esas “pequeñas cosas” que a veces hacen la diferencia en la lectura y su hermosura. No había pensado en ellas, y te lo agradezco.
En lo personal soy pro libros. Hay algo en el olor de ellos que me relaja. Creo que en un mundo lleno de tanto avance y conocimiento la producción de papel y el balance ecológico de los árboles puede coexistir perfectamente. Además la producción de aparatos electrónicos para leer y para guardar lecturas es también puro capitalismo. Lo peor es que toman la excusa de ser “eco friendly”. No sé si es un apego emocional a los libros lo que me hace reusarme a no querer leer de una pantalla. Pero al menos estoy segura que estar tanto tiempo pegada a una de ellas me da dolor de cabeza.
Lo que leía en Borders lo compraba, y admito que no era mucho. Siempre había mucho revolú, pero al menos las personas podían toparse con un nuevo interés. Es como el interés por la música. Quizás comienzas escuchando Lady Gaga pero te das cuenta de la poca calidad y te mueves a algo mejor. Pero estoy en total acuerdo contigo en que se deberían de promocionar y apoyar más las pequeñas librerías y las bibliotecas municipales. En fin todo lugar donde se pueda ir a educarse y aumentar el intelecto debería de mantenerse con puertas abiertas.
En cuanto al dilema de leer y no comprar, es algo un poco inevitable, pero la tienda debería de tener mejor control de esto. La cuestión es que si llegaran a desaparecer los libros y se dejara todo a la merced de lo electrónico entonces ahí si se fastidian los escritores. Hackiar o bajar cosas ilegalmente hoy día es pan comio’. Sin embargo, creo, que mientras los libros existan no importa cómo ni a cual velocidad pero se continuarán vendiendo.
Cristina: hay que olerlos y comprarlos. Y cuando no se pueda, descargarlos o fotocopiarlos. Todos llevamos en el hombro, un lorito que habla francés.
Un texto magnífico, Manolo.
Aunque me considere un “integrado” a la manera de Eco, creo que nada es equiparable a visitar una librería de selección cuidada y hojear libros que, en incontables ocasiones, es difícil llegar a ellos mediante una búsqueda en Amazon o en Google. Entre otras cosas, porque son el fruto de la casualidad. Confieso que siempre que visito La Tertulia en San Juan u otras buenas librerías en cualquier otro lugar, acabo comprando libros que jamás habría sospechado antes de entrar por la puerta. Llámenme trasnochado, pero descubrir un libro insospechado mientras pasas con ansiedad sus páginas, recorres en transversal los capítulos y percibes el aroma de las páginas nuevas, sigue siendo irremplazable para mí.
Y por otra parte, no hay nada mejor que ayudar con su compra a libreros tan entregados a su trabajo como Alfredo y su equipo, o cualquier otro que mima su oficio como antaño.
Rafa: gracias por estar en el grupo de los solidarios con La tertulia. Yo aquí no pretendía estar del lado de los apocalípticos, según Eco, sino traer otras dimensiones del debate, que al parecer ha generado gran interés y reflexiones interesantes. Si leo bien a Rubén Dávila (El mall), esos espacios se forman como un mundus, un centro organizado de todo lo que nos rodea, y al ser espacios espirituales e icónicos, cuando comienzan a desvanecerse, la gente reacciona como debe hacerlo: alterada cuando se colapsa nuestro mundo conocido. Es que ese es el ágora de la posmodernidad…
Me parce que la mayor parte de los comentarios, y la nota en general, está hablando desde una posición de superioridad intelectual bastante clasista, y por ende peligrosa. Al posicionarse dentro de los seguidores del culto a “la Tertulia y Cia”, al odio ferviente al centro comercial, al fetiche del libro impreso en papel, descalifican a cualquiera que por gusto o decisión, personal o por las circunstancias, opte por algo distinto a ustedes. Si Borders funcionaba como refugio para los aficionados al ajedrez porque les gusta el aire acondicionado y la cercanía del café que pueden pagar con tarjeta por qué mandarlos a jugar a las bancas del parque, es a caso para eternizar el icono boricua-antillano de los “viejitos que juegan ajedrez en la plaza”, por qué llorar por lo que no hay, por qué no mejor tratar de resignificar los espacios que existen a partir de nuestra intervención en las prácticas públicas de una manera horizontal sin ver la diferencia como inferior. Pero regresando al tema de los libros; Borders como librería tenía muchas carencias claro que sí, nadie puede negar que era un botadero de libros, que entre los libros de literatura bien podías encontrar manuales de mecánica, que en la sección de moda estaban los reglamentos deportivos, entre otras cosas. Sin embargo, la sección infantil y juvenil era muy buena, tenía los principales títulos de Alfaguara -Puerto Rico, Argentina, México- y FCE; además la sección de ciencia ficción mantenía un catálogo bastante amplio, también tenía una sección muy amplia de Ciencias y Administración, a la que claro los asiduos a la Tertulia no le prestaban atención; y qué me dicen de la sección de revistas pues era el único lugar en PR donde se podía comprar Art in America, Cabinet, Juxtapoz, Photographic, Letras Libres, etc., además creo que Borders fue la primera librería que le asignó una sección a la literatura y teoría LGBTI (claro que cualquiera puede decir que fue por espacio pero cuando hay voluntad…)
Personalmente creo que Borders funcionaba para un tipo de público, no el público universitario de humanidades-ciencias sociales es por ello que la Tertulia se ha mantenido en el mercado, pero sí para un público otro, heterogéneo, que bien mantenía el gusto por leer desde Paulo Coelho hasta JRR Tolkien por moda, también para aquellos que allí compraban sus juegos de Rol, o sus coffee table books de cocina asiática, italiana, americana; para los que mantienen el fetiche de comprar discos porque no les gusta bajarlos de la red, y hasta para los que gustan de comprar figurines para pegar en su nevera con la figura de Marx, Groucho y Carlos…
Para mí el cierre de Borders es lamentable por los despidos de muchos empleados jóvenes que trabajaban allí medio tiempo mientras estudian, claro que también por todos los que trabajaban allí tiempo completo. Sin embargo, me parece que esta es la punta de un iceberg que deja ver que el libro electrónico cada día gana más terreno, desde lo comercial hasta lo académico (inicialmente en revistas académicas), y que al final van a sobrevivir algunas pocas librerías para los que mantengan (amos) el fetiche por el libro de papel pero que en el camino otras tantas librerías pequeñas irán desapareciendo. Y no es que augure la muerte del libro en papel, pues no me gustan los libros de arte en formato digital, sin embargo nuestras librerías personales cada día van a ser más la combinación de libros electrónicos con libros en papel. Además, cuando los escritores se den cuenta de las posibilidades (tanto económicas como de difusión de la obra) que les acarrea el publicar sus libros electrónicamente van a pensar dos veces antes de someter su manuscrito a las editoriales tradicionales. Como cantó hace más de treinta años Bob Dylan: The Times They Are A-changin’…
Marco: ¿Cómo debatir con alguien que cita a Bob Dylan? Nada, toma en lo que vale el tono irónico del artículo, dirigido a las megatiendas, a Plaza, a los espacios seudo-públicos y a la gran contradicción de ser tienda, plaza y biblioteca. Algo así tenía que explotar.
Por razones de maldad estética me guardé las cosas buenas de Borders: el ajedréz (a mi me parecía extraordinario), las sección de niños (¡que maravilla para los chiquillos, estar en el piso con decenas de libros), el acceso a esa otra literatura que también hay que leer, los discos (uno de los pocos que quedaban), y en algún momento, las revistas, aunque luego era una pesadilla, pues no se podía hojear las revistas por la cantidad de gente leyendo y maltratando las susodichas. Y sí, trajeron cosas interesantes (Magazine Litteraire, por ejemplo, que luego descontinuaron). Y para finalizar, me parecía curioso que siendo un antro del capitalismo comercial a ultranza, la gente desarrollara un gran cariño por ese espacio/lugar, por su atmósfera o ambiente.
Pero el artículo iba dirigido a subrayar la posibilidad de tener ese sentimiento por las librerías locales (a las que le metí su azote también). Si la gente llora a Border, yo me rogocijo con La tertulia, y ese era mi argmento personal. A Borders habrá que mirarlo críticamente, pues el fenómeno ue generó no es trivial, y habrá que releer el libro El mall, de Rubén Dávila, quien disectó ese espacio.
Gracias por lo comentarios y tu apreciación del debate.
Posdata: Allí compré el libro más hermoso y completo sobre arrecifes de coral, de todos los que tengo, y en español y barato. Y allí siempre me encontré con amistades d toda la vida. Para que conste en Acta.
Oye y para que serviran los libros electronicos cuando se va la luz? Libros electronicos a traves del tiempo pueden ser mucho mas danninos para el ambiente que los de papel, ya que mientras sigamos con la fuente de energia principal que tenemos nos hacen esclavos del quemar combustibles fosiles para la lectura.
Carlos, esa es buena. Ernesto Otero también apuntó en esa dirección…
Ah, pues estoy en buena compañia entonces! Saludos! C
Manolo, como siempre , llego tarde pero es que manejar esta maquina es un tanto complicada. Si estoy de acuerdo con tu critica a los “dolientes” del deceso de Borders. Yo no era fanatico de ellos y mas cuando se poblo de lectores tirados/recostados/ y acostados en el piso leyendo de gratis. No recuerdo el lloriqueo cuando cerro Norma en Maz Mall. Aun esta Sabino en El Quijote, detente alli un momento y esciucharas buenos, aunque graves, comentarios sobre nuestra isla. Saludos!
El dia que me falte un libro en mis manos me moriria de pena
Muchs que iban a sentarse en el área de las mesas eran pseudo-intelectuales pretenciosos con aires de superioridad. Me pregunto, ¿Dondé se van a sentar ahora para que los vean?
Hacía mucho tiempo q. no entraba a tu blog. Por mi parte nunca fui muy adepto a esa librería y coincido en la preferencia por pequeñas librerías. Siempre han contado con personal amable y áreas donde hay libros viejos q. no todo el mundo compra, de ese modo fue que a mis 15 años compre en RP un ejemplar viejísimo del El Apoyo Mutuo de Kropotkin q. conseguí a muy buen precio y posteriormente perdí en una mudanza de Cádiz a Tenerife mientras estudiaba en España. Por mi parte me gustan los libros viejos esos q. las paginas se doblan con facilidad y al dejarlos abiertos no se cierran solos.