Todos somos Papotín

Palabras, Relatos de un mundo convulso, slideshow — December 9, 2012 11:52 am

Que no les quepa la menor duda, soy solidario con la tragedia de Papotín, y por ello me uno al coro de voces que gritamos ¡Todos somos Papotín! Hago lo que tengo que hacer, y es por ello que expongo en mi página de Facebook mi indignación por la violencia de su muerte y por la manera en la que algunos medios la han manejado. Papotín siempre fue servicial y muy querido entre sus amistades y la de su compañera, su novia de high school, Nita, a quien se le ha desgarrado el corazón por la violencia de su muerte. No merecía morir de esa brutal manera, pero tal vez la Moira lo condujo por ese rumbo.  Todos tenemos pasiones, deseos muy fuertes y Papotín tenía los suyos. Es por eso que no podemos juzgarlo de la manera en la que lo hacemos (¡todos!), y debemos cavilar profundamente sobre esos asuntos.

Los medios de comunicación deben pensar sobre ello. Esas imágenes, esos textos (breves), esas explicaciones trilladas, mutilan su memoria y muestran el desprecio hacia su vida. Mientras eso ocurre, quienes fuimos sus amigos, allegados, parientes y conocidos, nos dolemos con la brutalidad de su muerte, lo efímero de su vida, con Nita, con sus padres y con quienes se dedicaron junto a ellos a tirar competitivamente.

¡Todos somos Papotín!

Bueno, no todos.  Papotín tenía serias limitaciones cognitivas… digámoslo claramente, para todos los efectos no sabía leer. Dejó la escuela en sexto grado y a partir de ese momento no leyó ninguno de los periódicos que hoy cubren —escasamente— la noticia de su muerte violenta. Por esa razón nunca pudo enfrentarse a un texto complejo, como por ejemplo, El jardín de los senderos que se bifurcan, de Jorge Luis Borges.

Era muy poco lo que sabía del mundo conocido, por no haberse expuesto a él.  Nadie sabe porqué, tal vez por haber nacido en la barriada Mondongo, o porque en la esquina la cosa era caliente, o porque en sexto grado le metió una paliza y acuchilló a Bebo, un abusador hijoeputa que siempre se salía con la suya. Ese acto fue castigado con una suspensión de un semestre y cargos criminales, que llevaron a Papotín por ese otro sendero.

¿Quién sabe?

Si se hubiese aplicado, y Doña Gabina lo hubiese empujado a estudiar, Papotín tal vez hubiese participado en la Feria Científica. Pero estos son demasiados “hubieses” y muchos senderos diferentes. Una vez uno dobla a la izquierda o a la derecha en el cuchillo de la carretera, hay una secuencia de rumbos que lo llevan a uno hasta aquí. Si, justo hasta aquí.  Y por ese boquete se fue Papotín, avisando sobre la presencia policiaca, aprovechando la buena fortuna para probar de los manjares de la cornucopia, para adquirir con el dinero ganado sus gramos de felicidad, para luego ser el lugarteniente del bichote y alcanzar la fama con un puntito en las parcelas.

Dos jornadas dentro de la nevera lo marcaron, por ser descuidado.

En la calle, sus dos pasiones, Nita y Manteca, lo lanzaron por el camino del deseo constante, la necesidad imperiosa de la tecata, el car-jacking, el escalamiento en las urbanizaciones cerradas, el tumbe, el cantazo y la deuda. ¡Bendito! Papotín no sabía ni sumar ni restar. Por eso, y por no saber leer siempre fue un lambeojo y no el dueño del punto.  Por esa razón, y por ser un afrentao, se vio en la rueda de abajo, o como decía Don Germán (alias “el Kraut”), “en el Unterm Rad“.

El domingo en la tarde, mientras esquivaba a policías, rescatistas, curiosos y olímpicos, en la búsqueda de un muchachón extraviado, Papotín se fue con Tito Mazacote a dar un vueltón. A Tito había que tenerlo de buenas, y más si uno le debía material. El resto es inventado, pero pensamos que El Mazacote lo bajó del carro y  le pidió los $500 que le debía Papotín por la manteca y la fritanga que se había metido. Pero bendito, si ese pobre infeliz vivía para Nita y para su deseo, por lo que no le sobraba nada. El mazacote no se ensuciaba las manos con tubos o palos, para eso tenía una Glock, como la del Seminarista (otro matón del barrio) que le vació en la cara a Papotín.  El martes 4 de diciembre encontraron a Papotín en el sector Laos del barrio Yeguas, con varios días de muerto, el rostro desfigurado, y su cuerpo reconocible solo por el tatuaje de la espalda que leía “Aunque me joda” debajo del rostro dibujado (mal) de Nita.

Nita, Doña Gabina y Don Moncho han llorado mucho. No han tenido que pedir su espacio a los medios de comunicación, porque a Papotín nadie lo fue a buscar, ni su rostro de amplia sonrisa apareció en la primera plana de los rotativos nacionales. A la funeraria no fue Margarita Aponte a preguntarles sobre la dimensión y magnitud de su dolor o si eran capaces de perdonar a quien cometió tan horrendo crimen. El gobernador no habló de él en la conferencia de prensa y la muñeca ni se diga. Es posible que, excepto por la gente del barrio, nadie ha sentido la partida de Papotín. Su cuerpo acribillado en el piso y su rostro borrado digitalmente apareció por 15 segundos en el tele-noticiario, con el epitafio de que el occiso “tenía antecedentes criminales y se cree que es una muerte relacionada al trasiego de drogas”.  Ahí se acabó la cosa. Esa es la gente que podemos despachar y cuyas muertes no nos pesan.

Pero a mi sí.

Yo recuerdo a Papotín y quiero solidarizarme con él, por eso les conmuevo a expresarse de que “Todos somos Papotín”.

Si hubiese estado más tiempo y con la gente equivocada en el Parque del Hoyo, en Santa Juanita, si a los viejos no les hubiese dado por mortificarme para que leyera y saliera de aquel boquete, si no hubiese sido amigo de Gury y de Sammy con sus ganas de explorar nuevos horizontes, si los tíos, tías, primos y primas no se hubiesen empeñado en mostrarme diversos caminos y ejemplos, si hubiese sido débil con el deseo y las ganas, si no hubiese llegado a la poesía, el ensayo, la historia y la física (sí, fue una de mis pasiones iniciales), si la frugalidad y la honestidad no hubiesen sido el norte, si la pobreza y la miseria hubiesen sido absolutamente desdichadas y aplastantes…  Son demasiados “hubieses” cargados de porvenires posibles, y cada uno sirvió para que no siguiera la ruta de Papotín.  Estoy seguro de que hay muchos otros, pero por el momento quería señalar los que he compartido aquí.  Todos somos Papotín, o hemos podido serlo. Algunos hemos tenido suerte, otros buen criterio en la selección de los senderos y en la construcción de porvenires. Yo, he llorado la muerte de Papotín porque es la de toda una generación de jóvenes puertorriqueños que desaparece.  Me duele, como me duele la de José Enrique Gómez Saladín.

    11 Comentarios

  • david says:

    Manolo:

    aquí estoy emocionado, perdí a Carnívoro, Sosa, Sostre, Chulita, Coquí y muchos otros en mis años de Canales. Carnívoro estuvo muy cerca antes y después y los tengo aquí pegados/as del alma, y sigo aquí sin hacer nada por Ellos/as; hablamos de esto algún día, pero gracias en nombre de los/as invisibles!!!!!!

    • Manuel Valdés Pizzini says:

      Gracias David, sí, hemos perdido mucha gente, de la que nadie se acuerda y esa es la tragedia del país. Hablamos.

  • Cristina Olán says:

    ¡Tremendo escrito! La muerte de muchas y muchos ha sido despachada como si no importaran en una esquinita del periódico o en algún blog poco conocido. En marzo o abril de este año, por ejemplo, mataron a Juan Miguel. Le dieron 7 tiros frente a la Plaza del Mercado en Mayagüez a eso de las 4 y pico de la mañana. Me enteré meses después porque me llamó otro amigo que lo conocía. Lo “googlié” y encontré una nota en un blog.

    Juan Miguel vivía en las calles de Mayagüez. Era drogadicto, había estado preso, tenía muchos tatuajes de los cuales pude conocer algunas historias, y tenía en su corazón el deseo de salir de las drogas pero el vicio pudo más que eso. Compartí mi comida con él en varias ocasiones. Dormía al pie de la catedral. Estuve meses buscándolo porque me había pedido el libro de Peces de Puerto Rico. No lo encontré. Lo habían asesinado pero los medios no lo cubrieron. Recuerdo sus ojos color miel y a su compañera (también drogadicta) durmiendo entre un cartón y la silla de ruedas.

    Muchos mueren sin que nadie les preocupe. Los medios se enfocan en ciertos casos, sólo porque son llamativos. Los niños, la gente con trabajos interesantes, las personas con dinero siempre capturan la atención de los televidentes y radioescuchas. Al tecato de la esquina, al que nadie le importa averiguar cómo diantres fue que llegó ahí, no le dedican mucho tiempo.

    Reconozco que la televisión y la radio también son negocios que se rigen por el “rating,” los auspiciadores, la palabra amarillenta, también el morbo. Sin embargo, esto no es cuestión de todos ahora poner letreritos de “Todos somos Fulano de Tal.”

    Se trata de mucho más. Como dije hoy en mi tema en el retiro de mi iglesia, es bien fácil postear cosas en Facebook e ir a misa todos los domingos pero allá afuera hay un trabajo que hacer. Hay trabajo que hacer en nuestras casas, en las comunidades, en las calles. Y es un trabajo de 24/7, un trabajo que a veces requiere riesgos, grandes cambios de actitud, una sobredosis de tolerancia, inteligencia, reconocimiento de la equidad y respeto por la diversidad. Requiere educación, requiere compartir, requiere compromiso y sacrificio.

    No por nada organizo, con mis jóvenes de la iglesia, sus familias y personas que no van a ninguna iglesia, giras educativas a lugares a los que he ido en muchas ocasiones, como la Reserva Marina Tres Palmas, por ejemplo. Quiero que tengan la oportunidad de ver otro mundo que ya yo conocí y que está más accesible que lo que ellos y ellas piensan. Poco a poco vamos sembrando esperanza en aquellos y aquellas que la han perdido y, poco a poco, les vamos mostrando que existe algo más que matarse los unos a los otros o estar sentados viendo SuperXclusivo.

    Me duele la muerte de todos y todas los que han fallecido a causa del crimen rampante. Me jode cada vez que gente como La Comay (Kobbo) se ponen a justificar un crimen porque hay prostitución u “homosexualismo,” lo que, claramente es un disparate. Las personas de la comunidad GLBTT son tan gente como los que somos heterosexuales. Es más, a veces me molesta hasta el sello de GLBTT. Somos gente y punto.

    Porque todos somos personas es que debemos actuar ya.

    • Manuel Valdés Pizzini says:

      Gracias Cristina, la cosa es compleja y hace falta gente con mucho corazón, como tu y David, para mirar esto de una manera adecuada. Te felicito por tu gestión!

  • Thurdmon Capote says:

    El mundo de Papotín fue el mundo del abandono de toda una sociedad, descarnada e insípida. Yo tuve la suerte de tener una muy buena madre, que me dirigió y me sacó de los revoluses en que me metía. Mis tropelías y desaciertos me llevaron a una especie de manicomio. Cuando salí de allí, ya era un hombre nuevo.

  • Rima says:

    Sin empatía no hay comprensión, sin comprensión no hay solución. Gracias por esto, Manolo.

  • Alfredo Vivoni says:

    Gracias por escribir sobre estas pérdidas, de las que muy pocos escriben. alfredo

  • Luz de luna says:

    “La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.”
    : Borges

    • Luz de luna says:

      Borges en La otra muerte dice, “Modificar el pasado no es modificar un solo hecho: es anular sus consecuencias, que tienden a ser infinitas.”

      … a veces se hace difícil distinguir los vivos!

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