Sobrepescando en el National Geographic

National Geographic del mes de abril ha lanzado un reportaje vitriólico contra la pesca a nivel global. Es una copia de los argumentos de varias ONG ambientales que le han hecho la guerra a las pesquerías, sin importar a quienes sacan del camino. Me parece además una versión burda del excelente libro The End of the Line: How Overfishing is Chnaging the World and What We Eat, de Charles Glover (The New Press, 2006). Glover presenta un análisis concienzudo, bien documentado del problema de la sobre-pesca en el mundo industrial. El libro de Glover es una joya de investigación y está muy bien escrito, con la mesura que el problema amerita.

Fen Montaigne, autor del artículo de National Geographic utiliza los mismos ejemplos de Glover, e inclusive empieza con un análisis del atún de aleta azul (bluefin tuna). Hay ciertas inconsistencias en el análisis y si uno lo lee rápido piensa que la glotonería europea es responsable por el colapso, cuando la culpa anda por ahí repartida entre todas y todos. Su tratamiento de los pescadores es arrogante y desmesurado.

Lo mejor del artículo está al final cuando cita a la comunidad científica arguyendo que una de las soluciones consiste en “manejar los océanos como ecosistemas.”

En suma, el artículo me pareció pobre y hasta patético. Pueden darle un vistazo a la versión electrónica pulsando aquí.

Las fotos de Olson y Skerry son, en la mejor tradición de la revista, espectaculares.

still waters

1 comment to Sobrepescando en el National Geographic

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Lamento, también la desaparición del arte que veía todos los días camino a mi trabajo. No soy ducho en estas materias, ni me he dedicado a un estudio minucioso del arte urbano, tal vez, mal llamada graffiti, pues este mural era más que graffiti, en mi opinión. Fue tronchado por una pared anodina pintada de rojo con figuras insulsas que parecen hechas de papel de aluminio planchado sobre plantillas de “foum”.

Habiendo dicho esto, creo que es necesario evitar leer demasiado y permitir un poco más de ironía lúdica en la obra desaparecida y su relación con los mecenas que la permitieron.

En segundo lugar, el arte urbano, que repito no he estudiado, tiene como elemento cardinal lo efímero. No es arte monumental, perdurable. Es arte que juega con el instante y lo pasajero. Lo lamentable no es que el mural fue reemplazado por otro, es que haya sido reemplazado por un bodrio banal y mal pensado. Lo mismo digo de la torre de la Escuela Vocacional cuya representación, según algunos de la Vírgen del Carmen (emblema de la ciudad) también fue obliterado.

No podemos pretender, en el reino de lo contingente, erigir monumentos permanentes. Nuestra cultura enfatiza lo momentáneo, de ahí nuestra nostalgia por lo eterno.
— Juan