Diccionarios

    A Laura Ríos, una enamorada de la palabra.

Una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida consiste en transitar por las páginas de los diccionarios. Es algo que aprendí de niño con mi madre y una experiencia que empecé a valorar de manera superlativa cuando leí un poema de Pablo Neruda sobre la valía de los diccionarios, una oda que siempre (hasta el día de hoy) recordé como si fuera un ensayo.

… O la otra
palabra
que allí vimos perdida
entre renglones
y que de pronto
se hizo sabrosa y lisa en nuestra boca
como una almendra
o tierna como un higo.
Oda al diccionario, Pablo Neruda

Siempre los tengo a la mano.

El de la Real Académia Española (RAE), el Merriam-Webster (definiciones en inglés), un par de ellos en francés (francés-español, francés-inglés) y uno en alemán. El de la RAE lo tengo integrado en la barra de herramientas de mi navegador, Mozilla Firefox. El Merriam-Webster lo tengo disponible en mi lista de enlaces de trabajo. Tiene además un tesauro, que es… un tesoro, un diccionario de sinónimos que no tiene precio a la hora de escribir. El Merriam-Webster y el de la RAE los uso diariamente, varias veces. Es casi un vicio, porque los uso con palabras que conozco bien, pero siempre quiero conocerlas mejor.

Tengo también un enlace a un diccionario en francés (Lexilogos) que es muy útil y que tiene enlaces subordinados de diccionarios de literatura, sinónimos, etimología y otros. Otro diccionario de gran utilidad uno de palabras y gramática en latín, publicado por la Universidad de Notre Dame en Indiana. Huelga explicar porqué es provechoso, a pesar de ser una lengua muerta.

Si un diccionario es un “libro en el que se recogen y explican de forma ordenada voces de una o más lenguas, de una ciencia o de una materia determinada” (RAE), entonces hay bancos de datos que funcionan como diccionarios. Uno de los más maravillosos se refiere a una de mis palabras favoritas: pez (peces, en plural), sus variaciones locales (peje, pejes las que también tienen carnet de identidad de la RAE) y sus cualidades inmediatas: pescado y frito. Una de esas fuentes se llama FISHBASE y ahí podemos encontrar las especies, el género, los nombres comunes en varios idiomas y datos sobre los peces.

Yo al mataburros (como cariñosamente conozco a los diccionarios y es por cierto la primera acepción de la palabra y con carta de identidad en varios países latinoamericanos) lo uso constantemente.

Aprendí que para escribir con algún decoro hay que cerciorarse del uso correcto de las palabras. Hay veces que uso palabras sin estar seguro de uso en la oración o de su significado preciso. El diccionario está ahí para asegurarnos de que en primera, segunda o tercera acepción podemos usarla, o en que contexto es mejor o más prudente hacerlo.

La acepción se define como “cada uno de los significados de una palabra según los contextos en que aparece” y es la primera acepción de esa palabra en la RAE. Los diccionarios nos dan significados, orígenes, acepciones, trayectorias y usos potenciales de las palabras. No su historia completa, pero es un buen comienzo. Yo vivo enamorado de las palabras. Por eso, tengo un romance con los diccionarios y sus variantes digitales son, un descubrimiento extraordinario para mi.

Hay palabras que me gustan, aunque no puedo usarlas a menudo (por ejemplo, clepsidra). Hay palabras que de alguna manera me cautivaron por su sonido y su significado, tan fiel a su sonido sin ser una onomatopeya (esa última es una, pero me refería a la palabra tráfago).

Hay diccionarios técnicos que usamos en nuestras profesiones y que de alguna manera nos ayudan a tener a mano todo lo que necesitamos saber sobre términos, ideas, conceptos, herramientas y teorías. Siempre me he negado (no se porqué) a tener uno de antropología pero tengo un lexicón (otra palabra para diccionario) de conceptos de antropología cultural muy viejo que nunca uso. Sin embargo le tengo un cariño enorme a mi diccionario de sociología. Absolutamente útil. Siempre le doy un vistazo antes de cada clase, para tener una síntesis precisa de los conceptos. De computadoras he tenido varios, todos excelentes. Mi biblioteca albergas diccionarios de geografía (tengo dos), geología, biología, física, ecología, matemáticas, artes de pesca, náutica, adminículos (¡es una gran palabra!) y uno de voces coloquiales de Puerto Rico. ¡Fuácata! (Que también está en la RAE.)

Los diccionarios antiguos sobre doblemente valiosos, por sus definiciones y por ser documentos históricos sobre las palabras, las convenciones sobre ellas y si son diccionarios sobre una técnica se convierten en guías arqueológicas e historiográficas sobre esas artes. Uno de mis favoritos es el Diccionario histórico de los artes de la pesca nacional, obra enciclopédica de Don Antonio Sañez Reguart, publicada en Madrid en 1791. Ahí están las respuestas a una infinidad de interrogantes que tenemos quienes nos dedicamos a los estudios de la pesca. Es además un diccionario ilustrado, que en asuntos de tecnología es vital para visualizarlas y conocerlas mejor.

¡Claro está! En mi biblioteca no puede faltar el libro-lexicón, como esa obra esencial de María T. Vaquero de Ramírez, Léxico Marinero de Puerto Rico y otros estudios, lexicón y guía que hemos leído con mucho cuidado todas y todos los interesados por la pesca y el mar.

De la oda-ensayo de Neruda aprendí que al diccionario hay que amarlo, mimarlo, explorarlo constantemente. Que no es una tumba de palabras, ni cementerio, sino fuego vivo. Que es árbol, natural y generoso. Tierra prolífica, llena de regalos.

Manuel Valdés Pizzini
Antrópico, Bitácora digital antropológica

3 comments to Diccionarios

  • [...] Para   sugerencias  sobre cómo mejorar la redacción  en  nuestros blogs, recomendamos leer  los artículos de Eduardo Larequi y Alejandro Valero . Ambos contienen enlaces a  recursos muy útiles. Además,  Manolo Valdés publicó un artículo muy interesante sobre el poder de los diccionarios.  Otra referencia esencial es el Manual de Redacción de Jose Mari Mutt.  Mi lista de enlaces en Blinklist contiene  varias  referencias sobre el tema: [...]

  • Manuel, gracias por compartir tan bellas reflexiones en tu blog, me han entrado ganas de pillarme el Maria Moliner y leerlo de cabo a rabo, pero son las doce y pico de la noche así que empezaré mañana. Gracias de nuevo, da gusto encontrar gente como tú.

  • Manolo

    Agradecido Juanan, y te espero de vuelta!

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Lamento, también la desaparición del arte que veía todos los días camino a mi trabajo. No soy ducho en estas materias, ni me he dedicado a un estudio minucioso del arte urbano, tal vez, mal llamada graffiti, pues este mural era más que graffiti, en mi opinión. Fue tronchado por una pared anodina pintada de rojo con figuras insulsas que parecen hechas de papel de aluminio planchado sobre plantillas de “foum”.

Habiendo dicho esto, creo que es necesario evitar leer demasiado y permitir un poco más de ironía lúdica en la obra desaparecida y su relación con los mecenas que la permitieron.

En segundo lugar, el arte urbano, que repito no he estudiado, tiene como elemento cardinal lo efímero. No es arte monumental, perdurable. Es arte que juega con el instante y lo pasajero. Lo lamentable no es que el mural fue reemplazado por otro, es que haya sido reemplazado por un bodrio banal y mal pensado. Lo mismo digo de la torre de la Escuela Vocacional cuya representación, según algunos de la Vírgen del Carmen (emblema de la ciudad) también fue obliterado.

No podemos pretender, en el reino de lo contingente, erigir monumentos permanentes. Nuestra cultura enfatiza lo momentáneo, de ahí nuestra nostalgia por lo eterno.
— Juan