El Caño Martín Peña

Para seguir de cerca el proceso de lucha de los residentes de esa zona de San Juan, les invito a visitar el blog de Luis Daniel Beltrán y el de Érika Fontánez Torres. Ambos cubren bastante terreno sobre este asunto, cuyas dimensiones humanísticas, sociológicas, legales e historicas son esenciales para nuestro futuro como pueblo, y sobre todo, como gente digna, capaz de revertir los procesos de expolio ambiental y cultural en los márgenes de las metrópolis.

beltran

erika

3 comments to El Caño Martín Peña

  • ¡Saludos, Profesor Valdez! Aquí estoy para agradecerle la mención de mi entrada sobre el tema de las comunidades en el Caño Martín Peña y los nefastos proyectos de ley que amenazan con anularlas. Con esta entrada he querido unir mi voz a la de la Lcda. Érika Fontánez y a la de muchos y muchas a quienes nos preocupa cómo la codicia de unos desarrolladores, con la complicidad de quienes los apoyan en las esferas del poder político, amenaza con poner de rodillas a unas comunidades cuyo único “pecado” es quererse levantar por sí mismas. De nuevo, ¡muchas gracias!

    Luis Daniel Beltrán

  • Lillian

    Gracias Manolo….

  • Manuel Valdés Pizzini

    A ti, Luis Daniel, y a Erika por dar la cara.

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Random Quote

Un poco de teoría de color desenmascara al beige de toda esa pretensión antiséptica. Intensifica su base cromática y verás como terminas en territorio marrón. Descompón al escatológico marrón y emergerán rojos violentos, verdes salvajes, azules eléctricos y oros cegadores.

La maldición del beige consiste en reprimir a su propia diversidad arcoirística. La forzada neutralidad que consecuentemente adopta como gesto sublimador reduce cualquier color a mero acento, desvistiéndolo de tensiones y estridencias. Así es como beige termina siendo el color de la historia, lavada al gusto homogenizador del autoritarismo reinante.

Odio a los seguidores del beige: cobardes, aburridos, impasibles, insípidos, apáticos, flemáticos y pusilánimes. Odio a sus líderes, que aunque respiran no viven. Los mató el conservadurismo inmovilista, sicario ideológico del que no hace ni deja, porque no quiere, no puede y tampoco sabe.
— Miguel Rodriguez Casellas