Nadie debe llamarse Krikorian. Suena feo. Suena a un habitante de esos planetas que solo existen en la serie Star Trek. Si usted llega a los Estados Unidos con ese nombre, deberá cambiarlo inmediatamente. Si viene a vivir a Puerto Rico, ni se diga. Debe usar uno mejor, tal vez acortarlo, pero con mucho cuidado que no le vaya a quedar más feo, como por ejemplo: Korian, que suena a coreano, a asiático inescrutable, a comunista tal vez.
Mark Krikorian es el director de un centro de estudios de inmigración, de orientación derechista, de los “lunatic fringe.” En su columna Krikorian despotricó contra la manera inusual en la que se pronuncia el apellido Sotomayor, en referencia a la nominada de Obama a la Corte Suprema, que como todos tiene sus defectos. El suyo es ser mujer boricua e hispana en USA, con apellido raro. Encima de eso le gustan las patitas de cerdo… asunto que también ha discutido la derecha lunática en la prensa, aunque parezca increible. (Por cierto, el domingo preparé unas patitas con habichuelas frescas rosadas, que me quedaron deliciosas). Para conocer más sobre la juez Sonia Sotomayor pueden visitar el Huffington Post y acceder a varios artículos sobre la nominada.
Que disfruten la locura de la derecha lunática:
So, are we supposed to use the Spanish pronunciation, so-toe-my-OR, or the natural English pronunciation, SO-tuh-my-er, like Niedermeyer? The president pronounced it both ways, first in Spanish, then after several uses, lapsing into English. Though in the best “Pockiston” tradition, he also rolled his r’s in Puerto Rico.
* * *
Most e-mailers were with me on the post on the pronunciation of Judge Sotomayor’s name (and a couple griped about the whole Latina/Latino thing — English dropped gender in nouns, what, 1,000 years ago?). But a couple said we should just pronounce it the way the bearer of the name prefers, including one who pronounces her name “freed” even though it’s spelled “fried,” like fried rice. (I think Cathy Seipp of blessed memory did the reverse — “sipe” instead of “seep.”) Deferring to people’s own pronunciation of their names should obviously be our first inclination, but there ought to be limits. Putting the emphasis on the final syllable of Sotomayor is unnatural in English (which is why the president stopped doing it after the first time at his press conference), unlike my correspondent’s simple preference for a monophthong over a diphthong, and insisting on an unnatural pronunciation is something we shouldn’t be giving in to.
For instance, in Armenian, the emphasis is on the second syllable in my surname, just as in English, but it has three syllables, not four (the “ian” is one syllable) — but that’s not how you’d say it in English (the “ian” means the same thing as in English — think Washingtonian or Jeffersonian). Likewise in Russian, you put the emphasis in my name on the final syllable and turn the “o” into a schwa, and they’re free to do so because that’s the way it works in their language. And should we put Asian surnames first in English just because that’s the way they do it in Asia? When speaking of people in Asia, okay, but not people of Asian origin here, where Mao Tse-tung would properly have been changed to Tse-tung Mao. Likewise with the Mexican practice of including your mother’s maiden name as your last name, after your father’s surname.
This may seem like carping, but it’s not. Part of our success in assimilation has been to leave whole areas of culture up to the individual, so that newcomers have whatever cuisine or religion or so on they want, limiting the demand for conformity to a smaller field than most other places would. But one of the areas where conformity is appropriate is how your new countrymen say your name, since that’s not something the rest of us can just ignore, unlike what church you go to or what you eat for lunch. And there are basically two options — the newcomer adapts to us, or we adapt to him. And multiculturalism means there’s a lot more of the latter going on than there should be.
Manolo:
Sigo la línea de tu primer párrafo para exponer una anécdota similar. Viendo una serie de TV traducida (ER), en medio de una urgencia un médico trataba de introducirle un tubo nasgástrico a una paciente y no lograba introducirlo, entonces le dice a otro “ponle presión en el cricoide”… Yo, que no sabía de qué se trataba, quedé extrañado y pensé que había escuchado mal le dí reversa a la película en dos ocasiones. Mi esposa que es enfermera graduada, me miró y con una sonrisa burlona me ¿preguntó que te pasa? y le dije es que creo que oí mal. Ella soltó una carcajada y me explicó que el nombre correcto es cartílago cricoides.
fui a Internet y conseguí la siguiente definición: “Anillo cartilaginoso en la laringe inferior. Cartílago en forma de anillo que se encuentra en la porción inferior de la laringe.”
Mr.Krikorian es una de la multiples voces del coro de la extrema derecha fundamentalista (y yo anadiria, racista), que escondiendose detras de argumentos tangenciales, oportunistas, eufemistas y simplemente falaces la han emprendido contra la nominada al Supremo de los EEUU, Sonia Sotomayor. Los comentarios en los medios, que van desde los programas de analisis politicos, hasta la blogosfera y Twitterland de este sector se han concentrado en intentos de desacreditar los habitos alimenticios de la nominada, en sugerir que este es un nombramiento de cuota minoritaria tipo “affirmative action” (insinuando que no es de meritos), en cuestionar su capacidad intelectual (la nominada se graduo Summa Cum Laude de Princeton, Derecho en Yale, etc.) pero un tal abogado de apellido Levey dijo que el se graduo de derecho en Harvard y que el conoce colegas que no son inteligentes), otro que prefirio hablar en anonimato para una entrevista indico que el conocia muchos graduados de “Ivy League Schools” que eran “dumb”, el cuestionamiento del “record” de opiniones de la jueza rechazados por el Supremo de EEUU (se sabe que de 400 y pico de opiniones, la jueza ha prevalecido en mas del 99% en las revisiones de apelacion ante el Supremo y es bueno informar que el actual Juez Alito, quien fuese confirmado en su nominacion, tenia un “record” de rechazo de sus opiniones apeladas al Supremo e EEUU de, por favor sientese y tome aire: 100 %!!!!! , y entonces aparece Mr. Krikorian, sacando el argumento de la extrema intolerancia: la pronunciacion del apellido Sotomayor debe adaptarse a lo que el llama (naturalmente debatible) las normas costumbristas y gramaticales del ingles, que exigirian un enfasis en la primera silaba y no en la ultima, como es lo usual en el espanol. Todo este grupo xenofobico en los EEUU tiende a reflejar lo que Samuel Huntington, el ya difunto cientifico politico e historiador de Harvard describio en uno de sus ultimos y mas famosos escritos: la amenaza de los Hispanos a lo que el considero la esencia idiosincratica de la nacion Norteamericana.
Aparte de que toda esta pantomima es risible, estupida, una solemne idiotez y ciertamente una faena de descredito intencionada, esto apenas ha comenzado y tal vez la retorica se torne mas inflamatoria y abiertamente discriminatoria. Esa es la mala noticia.
El otro lado de la moneda es que esa faccion de Republicanismo retrogrado (tipicamente sureno y “Joe the Plumber type”) es una minoria vociferante de la cual un porciento creciente de los Republicanos moderados se sienten o alejados o enajenados.
La nominada Sotomayor sera objeto de crecientes criticas previo a su audiencia de confirmacion ante el Comite de lo Juridico del Senado, y, a mi juicio, y de no salir a la luz publica algun asunto tetrico de transgresion etico-moral (no dudo lo intenten inventar!!!) sera entonces confirmada, y el proceso dejara un sinsabor agrio y amargo de la prevalencia de un prejuicio a la mujer y a los hispanos que, afortunadamente no parece ser la orden del dia en la mayoria de ciudadanos electores que llevaron al primer afro-norteamericano a la Presidencia de EEUU. Pero ojo, el prejuicio xenofobico sigue latente en un sector que aunque encogido, es cada vez mas temerario.
Manolo:
Sigo la línea de tu primer párrafo para exponer una anécdota similar. Viendo una serie de TV traducida (ER), en medio de una urgencia un médico trataba de colocarle un tubo nasogástrico a una paciente y no lograba introducirlo, entonces le dice a otro “ponle presión en el cricoide”… Yo, que no sabía de qué se trataba, quedé estuperfacto, extrañado y pensé que había escuchado mal, por eso le dí reversa a la película en dos o tres ocasiones. Mi esposa que es enfermera graduada, me miró y con una sonrisa burlona me preguntó ¿que te pasa? y le dije “es que creo que oí mal”. Ella soltó una carcajada y me explicó que el nombre correcto es cartílago cricoides.
Fui a Internet y conseguí la siguiente definición: “Anillo cartilaginoso en la laringe inferior. Cartílago en forma de anillo que se encuentra en la porción inferior de la laringe.” Creo que cotidianamente le llamamos la manzana de Adán.
Al principio me sentí raro al enterarme que yo también tengo un cricoide, luego me consolé conjugándolo de todas las formas posibles.
Pero las cosas de nuestro hermoso idioma son así y las situaciones embarazosas en las que nos encontramos muchas veces nos sonrojan.
Eso me ocurrió haca ya demasiados años cuando fui por primera vez a España. Un caluroso viernes de junio unos amigos nos invitaron a una fiestecita de nocturna. Allí descubrí que los ideales de muchos jóvenes durante los últimos años de la dictadura franquista eran muy similares a los míos. También descubrí, para mi sorpresa, que en Andalucía hay independentistas, con himno y todo. (Luego algunos se organizaron en el Partido Andalucista.) En el balcón del apartamento entré en conversación con Fina, la mujer de Alberto, ambos estudiantes radicales. Tratamos de enderezar el mundo, y hablando de los diferentes socialismos de aquella época, no recuerdo que rayos fue lo que le dije a aquella mujer que irguiéndose sobre el barandal en voz de sorpresa me dice “no jodais Héctor, voz lo que querés es hacerme es la puñeta”. Yo sentí un golpe de sangre y calor que me llegó de sopetón a la cara y empecé a sudar como catarata. Rápidamente le dije “no, no Fina, lo que trató de explicar es…”. Ella no me dejó terminar y entrando a la sala le dice al marido “Oye Alberto este Héctor me quiere hacer la puñeta” Sinceramente yo no sabía qué hacer, estaba de una pieza inmovil en el balcón, pero Alberto me tranquilizó un poco cuando me dijo con una amigable sonrisa “no le hagas caso que ella es así” y siguió su conversación serenamente. Al otro día me enteré que para ellos tal expresión es cotidiana, se refieren a que alguien está tratando de tomarles el pelo, o embromarlos o vacilárcelos. Pero ya el sofocón había pasado.
Otra similar me ocurrió en el mismo viaje, en las Islas Canarias, cuando una pariente política llamada María de los Ángeles me dijo y me insistió ” Tu eres demasiado formal, no me digas María de los Angeles, decíme Chicha.” Naturalmente nunca seguí sus recomendaciones. Luego aprendí que ese es el calificativo que se utiliza para los naturales de la Isla de Tenerife: Chicha para mujeres, Chicho para hombres y Chicharreros para el colectivo.
Como esos ejemplos hay muchos.
Es que nuestro idioma es tan rico que pasan esta cosas, que nos sirven, además de para sudar con abundancia, para al recordarlas con una sonrisa pícara.
Sobre tu amigo Kricorian te recuerdo que esas son cosas de la mentalidad del imperio y de mucha de su gente. Para ese hombre debemos decir como en Panamá: “Que se vaya a coger por el forro, o por el saco”, o como en España “que se vaya a tomar por el (…)” digo yo “por el cricoide”.
Saludos
Héctor
Pues en algo tiene razón el Krikorian: que los gringos son incapaces de aprender a pronunciar ciertas cosas, tan incapaces que parecería que esas cosas son antinaturales en su idioma. Mi nombre, por ejemplo, le resulta impronunciable a todos los angloparlantes. A mí me da igual, aunque alguna gente no hispana (pero no anglo) que sí lo podían pronunciar se indignaban solidariamnete cuando me oían nombrada de mil y una formas, aún después de yo haber pronunciado lenta y claramente (e incluso ya un poco agringado, para ayudar), mi extrañísimo (al parecer) nombre.
Pero la verdad sea dicha: a los hispanohablantes les resultan impronunciables ciertos nombres, ciertos sonidos, ciertas letras del inglés. Por ejemplo… “Bob”. No se dice Bob como BOBO sin la O final, se dice Bob como si la “o” fuera una a-larga-que-si-embargo-es-o-sin-ser-ni-la-una-ni-la-otra. Margaret Thatcher nunca fue para un hispanohablante no bilingUe “Thatcher” con “Th” sino Tacher, con T. Si los padres de la Tácher hubiesen emigrado a la isla de Puerto Rico y ella hubiera sido, y no Sila, la primera gobernadora de la isla (me da miedo pensarlo, pero bueno, me da más miedo Milhaus y ahí está), se hubiera pasado toda su vida consciente de que nadie pronunciaba su nombre como se supone. Criada aquí, hubiese estado acostumbrada. ¿Es posible que ella misma dijera, por ejemplo por teléfono, al hacer una compra con tarjeta de crédito, Tátcher, en vez de Thatcher? Pues mira, no sé, pero yo creo que sí, que al final hubiera sucumbido a nuestra colectiva aceptación de que no podemos decir la t-h, y punto.
La jueza Sotomayor seguramente está acostumbrada a que su nombre se lo pronuncien mal: yo espero que sea una persona tan abierta de miras como la hipotética Tácher boricua (Thatcher, vale), y que le dé exactamente igual. Porque los sonidos de las lenguas no traducen, y los seres humanos no somos capaces de emitir los sonidos correspondientes a todas las lenguas desarrolladas por nosotros mismos, en otros contextos. No lo somos. Ya está. ¿Pero qué le importa al Krikorian que algunos TRATEN? Coñac, yo trataría también de imitar a un chino en la pronunciación de su nombre, antes de rendirme y llamarle como acabara llamándole.
Krikorian es un imbécil. Y lo que es más: su nombre le queda grande. Muy grande.
Saludos a tod@s.
Sonaré reaccionario por los comentarios que escribiré. Pero el que se pronuncie mal los nombres hispanicos en inglés dentro de los EEUU es culpa de nosotros mismos. Cuántos de nosotros no hemos llamado a pedir algún servicio al gobierno de lo EEUU o al sector privado y cuando nos preguntan where you from? nosotros decimos “Portho Rico” o alguna pronunciación parecida a esta, trantando de “sajonizar” (si es que existe ese termino) los nombres en español. De igual manera cuando cuando nos preguntan nuestros apellidos que dicen cosas como “Roudregaz”(Rodríguez), “Loupaz” (López) y así por el estilo.
Verdaderamente ya yo estoy curado de espanto. Y sobre La juez Sotomayor… no tengo mucho que decir, muy bien por ella y espero que el tribunal sumpremo deje de ser tan reaccionario, pero no tengo mucha fe en que ella delante mucho.
Perdonen lo reaccionario y seudo derechista de mi comentario…
Es dificil arrancar el pasado y la tradicion de nuestras almas, Luis, pero yo tengo fe en ti.