The Nanny Diaries

La Antropología siempre me ha parecido una ciencia snob.  La inmensa mayoría del tiempo hablamos entre nosotros, las y los iniciados, dejando a un lado al público.  Cuando alguien me pregunta por un buen libro para iniciarse en la Antropología, me da terror y vergüenza.  No puedo recomendar ninguno. (Espero que mis colegas, al leer esto, se compadezcan de mi y envíen sus sugerencias). Es por eso que los otros días disfruté una peliculita interesante, The Nanny Diaries, basada en una novela satírica de Emma McLaughlin y Nikola Kraus, sobre el mundo de las nanas o niñeras en Nueva York. La película, con sus virtudes y defectos, me ha parecido una linda introducción a la Antropología, y sobre todo la etnografía y la etnología.  Como sátira aguijonea no solo el mundo de las ayas (otro de sus nombres), sino que pellizca a la disciplina su poquito. No obstante, es fiel al discurso antropológico, con una extraordinaria hipérbole de la otredad y una exotización del mundo nuevayorquino de las clases altas que pululan por la Quinta Avenida.

El diario de campo es el medio por el que se narra la historia del filme, cuyo personaje principal se acaba de graduar de la carrera de Antropología y por un enredo con su nombre (Annie), consigue un trabajo de nanny.  Sus parlamentos, narrados sobre la acción, son fundamentalmente etnográficos. No ha faltado en la película los dioramas del Museo de Historia Natural, que inclusive han sido transformados y satirizados para mostrar la vida de los nativos del Nueva York contemporáneo. Los verdaderos dioramas también hacen su aparición. Por unos segundos quedan retratadas las exhibiciones y dioramas de los aborígenes del Pacífico Norte, como los kwakiutl y hay una referencia breve a los postes totémicos.  No han faltado las referencias a Margaret Mead, a la objetividad en la observación, a los sistemas de parentesco, a la disciplina de la escritura etnográfica y al asunto de convertirse en un nativo. La lección etnográfica está ahí todo el tiempo, por lo que me parece una película simpática que puede generar su debate sobre la disciplina, o lo que es mejor, la aplicación de la Antropología a la vida cotidiana del mundo en el que vivimos.

La película tiene para mí dos finales felices. El primero, es el esperado, el de la novelita, el de la película, pero no lo cuento. El segundo es inesperado. La madre de Annie, después de insistir en que siguiera una carrera en Finanzas, y de hacer la pregunta clásica (¿En qué vas a trabajar con un grado en Antropología), termina pagándole los estudios graduados en Antropología. De hecho, el diario parece ser el texto del ensayo para entrar en la carrera a nivel de postgrado.

Bueno, debo admitir que me gustó mucho la película, que me parece es exquisita para un curso de introducción a la disciplina. Para terminar esta confesión, la película tiene unas referencias visuales y musicales a Mary Poppins (esa nana británica de la serie de libros del mismo nombre, que hiciera famosa en una película Walt Disney en 1964). La película me gustó cuando la vi de niño y me ha gustado todas la veces que la he visto desde entonces, que son muchas, con hijas y nietos. ¡Supercalifragilisticexpialidocious! Todavía me la sé de memoria.

Manuel Valdés Pizzini

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Random Quote

Un poco de teoría de color desenmascara al beige de toda esa pretensión antiséptica. Intensifica su base cromática y verás como terminas en territorio marrón. Descompón al escatológico marrón y emergerán rojos violentos, verdes salvajes, azules eléctricos y oros cegadores.

La maldición del beige consiste en reprimir a su propia diversidad arcoirística. La forzada neutralidad que consecuentemente adopta como gesto sublimador reduce cualquier color a mero acento, desvistiéndolo de tensiones y estridencias. Así es como beige termina siendo el color de la historia, lavada al gusto homogenizador del autoritarismo reinante.

Odio a los seguidores del beige: cobardes, aburridos, impasibles, insípidos, apáticos, flemáticos y pusilánimes. Odio a sus líderes, que aunque respiran no viven. Los mató el conservadurismo inmovilista, sicario ideológico del que no hace ni deja, porque no quiere, no puede y tampoco sabe.
— Miguel Rodriguez Casellas