Así comienza la versión moderna de la Ilíada, (re)escrita por el italiano Alessandro Baricco y publicada en el 2004, y su traducción en español en el 2005, publicada por Anagrama. Es un texto hermoso, y quien haya leído la Ilíada (sobre todo con la dificultad de ser prepa en la Universidad de Puerto Rico) apreciará el esfuerzo de Baricco de hacer accesible a todo el mundo este texto fundamental.
Este proyecto de Baricco se realizó para una lectura pública de la obra, que al parecer fue todo un éxito radiofónico. La obra original presentaba el problema de su longitud y por ende su extensión de lectura por muchos días, además de un problema de comprensión de los detalles homéricos y las sutilezas culturales y religiosas de esas sociedades antiguas por parte de los italianos del siglo XXI. Otro asunto delicado es el gran espacio en blanco que la obra original tiene y que muchos lectores conocen mejor que la misma Ilíada: el desenlace de la guerra y la toma de Troya, por lo que Baricco tomó prestado de otros textos para rellenar ese espacio. Finalmente, Baricco decidió eliminar a los dioses de su texto, por entender que aletargaban la lectura y no añadían mucho, pues en la Ilíada Homero trabaja con una propuesta de explicar los acontecimientos teniendo a los humanos como sus últimos artífices.
He aquí lo más difícil.
El mundo homérico, como el mismo Baricco admite, es incomprensible sin los dioses. Esa decisión, y el ánimo de reescribirla completamente elimina fragmentos necesarios, como lo es el párrafo inicial:
“Canta, oh diosa, la cólera del Pélida Aquileo, cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades valerosas almas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves –cumplíase la voluntad de Zeus—desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres y el divino Aquileo.”
De igual manera, la visita de Príamo al campamento de Aquiles para buscar el cuerpo de Héctor no se puede entender sin los dioses. Creyentes o no, ateos convencidos o entregados a la fe, hay que comprender que existen trayectos en la vida de los humanos que no se pueden hacer ni comprender sin la intervención de los dioses, y el de Príamo es uno de ellos; sobre todo porque sin los dioses ese acontecimiento carece de poesía y eso es inadmisible.
La Ilíada comienza con una disputa cuando quienes no tienen derecho a lo de los otros (en este caso, la gloria alcanzada por Aquiles) le usurpan y le roban lo ganado en la justa batalla. De paso, le mancillan su dignidad y su prurito. Tal vez más importante, trivializan el sentido de compromiso y sacrificio de Aquiles con la causa de los aqueos, para la que ha abandonado a su familia y sus haberes. La obra es una mirada al exceso en la ejecución del poder y es tan vigente hoy en nuestro entorno más cercano como lo era en la civilización homérica. Afortunadamente, a pesar de la penurias de Aquiles, sabemos quien debe salir triunfante. Que eso le sirva de lección a quienes usurpan lo que otros han trabajado con sudor y sangre.
Posdata: Cuando fui estudiante de primer año en la Universidad de Puerto Rico tuve la dicha de tener a Raúl Cotto Serrano de profesor de Humanidades quien se vivió la Ilíada con nosotros, y nos hizo, por la fuerza de su entusiasmo y de nuestro descubrimiento de la absoluta belleza homérica, saborearla e integrarla en nuestras vidas.

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