Plantando Bandera
Observaciones, Playas, Reseña de actividades, Reseñas breves, Surfing — Mayo 5, 2008 3:08 pmpor: Rosemarie Vásquez Cruz
Plantando Bandera
Por: Rosemarie Vásquez Cruz
Usualmente, la playa Domes en Rincón, se caracteriza por el constante movimiento de sus aguas, desde el abatir de las olas hasta la adrenalina que se desborda de los surfers al momento de “correr” sobre sus aguas cristalinas. El área geográfica de su localización en combinación con vientos del este y su escasa profundidad hacen que Domes sea una de las playas más constantes de olas en el área oeste de Puerto Rico. De tal modo, que cuando visitas este pedacito de costa observas más gente disfrutando del recurso en el agua que en la orilla. Durante los meses de diciembre a febrero, temporada alta de turismo, Domes es el baúl de oro detrás del arco iris, para todos aquellos que quieren acechar de sus olas. Sólo se vacía si esta “explotao”. Significando que el oleaje es inservible para el deporte, lo cual se debe mayormente a una desorganización marítima por exceso de viento.
La temporada alta de turismo trae más turistas extranjeros que lo usual a Domes. Estos se deleitan surfeando mientras sus allegados esperan dispersos disfrutando en la orilla. Se pueden observar no sólo a los malabaristas del mar, si no también a un buen número de visitantes, familiares y turistas disfrutando del espectáculo de los surfers. Es como si la felicidad que produce surfear contagiara a todos. Los locales o puertorriqueños, mientras tanto van en búsqueda de las mejores olas, entonces observan el oleaje y se van rápido si fuera el caso que no son muy buenas dándole oportunidad de irse a Isabela o Aguadilla antes de que la marea suba.
Febrero cambió la norma drásticamente. El “Corona Extra Pro Surf Circuit” trajo cientos de jóvenes puertorriqueños a la costa de Domes. El escenario se invirtió 180 grados durante este fin de semana. En la asistencia predominó la presencia boricua desde admiradores del deporte, a unos cuantos curiosos que deseaban experimentar hasta personas que simplemente se motivaron por el espectáculo y el tipo gente que atrae. La magia que producen los malabaristas del mar fue tanta que el diminuto tamaño de las olas no paro la emoción ni el concurso. Tanta fue la conmoción que la gente durmió en la costa para no perderse nada del evento. Literalmente, habían individuos y grupos con matres tirados en la arena. Las casetas, por lo general pasan desapercibidas al acomodarse en las veredas, sin embargo, eran tantas que el espacio no daba abasto. De las 25 casetas que habían 10 se ubicaron en la orilla y los vigilantes de DRNA disfrutando como los campistas. La mayor parte de los espectadores disfrutaban de observar las olas y a los surfers desde la orilla. Una buena parte de los visitantes disfrutaban del “jangueo” del surfing. Otros, iban a laborar como los estudiantes de escuela superior de la Asociación de Fotoperiodismo. Por último, el mayor cambio fue que por primera vez durante las observaciones, que hemos estado realizando en esta playa, había más gente fuera del agua. Se estima que más de 300 puertorriqueños dijeron presente en grupos, familias, parejas y hasta solos por que de seguro encontrarías compañía fácilmente. El ambiente fue apacible a pesar de la cantidad abrumadora de personas. La playa estaba llena de orilla a orilla, la gente miraba los surfers, hablaban entre sí, comían de los kioscos y sobre todo bebían Corona Extra para apaciguar el calor. Mientras las cervezas se asentaban, la euforia de los surfers se dispersaba mágicamente por el área y los puertorriqueños plantaban bandera con su presencia, afirmando el gran espectáculo que se fusionaba con la naturaleza.




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