Pescando Olas
Observaciones, Playas, Surfing, Tres Palmas — Mayo 28, 2008 8:39 pmPor: Amarylis Vélez Pérez, Rosemarie Vásquez Cruz y María Laboy
Durante varios meses se publicaron una serie de entradas sobre la investigación de Usos Recreativos que se está llevando a cabo en Rincón. La primera entrada hacía referencia al recorrido desde Barrero hasta la playa de Córcega. Ya en la segunda se describen las observaciones hechas en el área de Tres Palmas, mientras que en la tercera se hace hincapié sobre el evento celebrado en el transecto desde la playa Dogman’s hasta Domes donde se hizo alusión al “contest” de surfing.
En esta ocasión las observaciones realizadas en marzo se vieron impactadas por el “swell” de más de 20 pies que se registraron del 21 al 23 de marzo en algunas playas de Rincón, (reseñadas anteriormente por Michelle Scharer Carlos J. Carrero y en otros medios). Por tal motivo, ya en esta cuarta entrada se presentan los relatos de las observaciones hechas por nuestro equipo de investigación.
El amanecer trajo junto al rocío un aroma a salitre de la marejada gigante que despertó a todos los surfers de Puerto Rico. Esos días, Rincón resplandecía con una amalgama de gente de todas las edades que provenían de diversos pueblos e incluso de Estados Unidos. Entonces, obvio que tampoco podíamos perdernos los estremecimientos de la tormenta atmosférica del año que acontecía en el Océano Atlántico. Contactamos a un amigo surfer y nos dirigimos hacia Rincón como cientos más. La misión fue ir a todas las playas de Rincón a ver donde estaban las mejores olas, era como la búsqueda de un tesoro escondido. Nos dividimos la costa por áreas y esta vez el recorrido comenzó desde Barrero hasta Córcega. De entrada encontré una anomalía dentro de lo observado anteriormente. Increíble, la pescadería de Barrero estaba llena y no era de gente en fila para comprar pescado fresco, sino de surfers. Los malabaristas del mar que mayormente van a Rincón a realizar sus maniobras, aprovecharon las olas que se formaron en Barrero. A una pequeña escala la pescadería se convirtió en Domes. Pude apreciar que muchos de los locales que frecuentan el domo estaban esta vez con los pescadores. Córcega, a su vez, estaba repleto de gente que mayormente aprovechaban la Semana Santa y la oportunidad de vivir un evento que escasamente ocurre.
Sin embargo, lo ocurrido en Tres Palmas era diferente. En el punto más alto de la carretera 413 habían decenas de vehículos estacionados dentro de los que se observaban grupos de jóvenes, familias y parejas, en su mayoría extranjeros. Muchos de ellos estaban sentados en la capota fotografiando con dos y tres cámaras y enormes telefotos para poder captar una mejor imagen de las olas, mientras otros observaban el impresionante espectáculo de olas.
Cuando me dirijo a los terrenos que se encuentran frente a la playa observo muchas familias, parejas y grupos pero esta vez, la mayoría, eran locales. Me percato de que un local se trepa en un árbol de almendras para observar mejor, pero se lleva un gran susto cuando la ola que observaba rompe y el agua arropa más de la mitad del tronco del árbol. Logró bajarse y salió corriendo.
Al trascurrir las horas llegaban más y más grupos equipados. Llegaban con sus neveritas, sillitas de playa y sombrillitas, como si fuera cualquier día de pasadía en la playa, sólo con la diferencia de que se ubicaban en los terrenos cercanos a la playa porque la arena era prácticamente inexistente ya que estaba arropada por las grandes olas.
En Domes el escenario cambió completamente. Aquel pedazo de mar, reconocido local e internacionalmente por proporcionar uno de los mejores escenarios en Puerto Rico para surfear, no reunía las características para que sus acostumbrados visitantes corrieran sobre él. Aunque las olas estaban gigantes, no eran olas pa’ surfear. Más bien, en el marco escénico se encontraban locales que ante el abarrotamiento de visitantes en los otros puntos del litoral, prefirieron ir a Domes donde habían menos observadores que en otras partes de la costa de Rincón y donde no habían surfers. Esta vez Domes sirvió más para admirar la furia de las olas, que para observar como los surfers disfrutan momentáneamente de ese instante glorioso de armonía entre surfer y ola.
La combinación de este evento con el recorrido por la costa rincoeña nos reafirma el hecho del impacto que tienen los fenómenos naturales en el aspecto social y económico de los pueblos del litoral. Rincón es un vivo ejemplo de esto. El valor que la sociedad otorga a la costa como lugar óptimo para recrearse ha ido en aumento con el pasar del tiempo. Esto, una vez más confirma la importancia que tiene la costa y de la urgencia de invertir mayor tiempo en la planificación sustentable de la misma al hacer uso de sus recursos para fines recreativos ya sean pasivos o activos.




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