Publicado por Carlos Carrero Morales, Asistente de Investigación del CIEL, Estudiante de Maestría en Planificación, UPR-Río Piedras
Eran 6:30 a.m. del sábado 3 de Junio cuando Ramón Agosto (estudiante de maestría en Biología del RUM), Manuel Valdés Pizzini y yo emprendíamos nuestro camino para llegar a Guánica donde nos encontraríamos con don Fundador. “Don Funda”, como le llamaban varias personas que le conocían le llamaron durante el día, es un señor de 81 años escritor por vocación, narrador de historias, cuentos y leyendas del pueblo de Guánica. Ya a eso de las 7:15 a.m. estábamos llegando a la casa de don Fundador que nos estaba esperando ya listo para salir con nosotros a un recorrido por el bosque seco de Guánica. Antes de ir al bosque fuimos al área de la playa para comenzar con las historias que “don Funda” nos contaría. Cuando digo comenzar lo hago solo para dar cronología al relato, pues desde el momento en nos montamos nuevamente en la pick-up de Ramón, (o la cabrita como el le llama) comenzaron las historias y las anécdotas que don Fundador nos ofrecía sobre Guánica. Ya en la playa nos sentamos en la orilla, en un lugar donde, según nuestro narrador antes había una pequeña barra o negocio. Apenas al llegar nos decía “ahí estaba la vellonera” mientras apuntaba con su dedo una de las esquinas del lugar.

Don Fundador Ortiz Matos, Ramón Agosto y Carlos Carrero
Allí nos narraba varias historias y leyendas. Una de las leyendas que mas me llamó la atención fue sobre como su papá le dio nombre al sapo concho. Según la leyenda que nos contaba había sido por que a la persona que los encontró por primera vez le apodaban Concho y que de ahí había salido el nombre.
Entre nombres y datos de sobre que cosas se cultivaban en cada área, don Funda nos hacia viajar a través de la maquina del tiempo que son sus recuerdos. Nos decía que aunque esa área era bastante seca, no siempre había sido así. “El viernes santo y pa’ las cabañuelas a principio de año llovía mucho…”

A cada momento me sorprendía la gran sabiduría de este señor que solo llegó hasta 9no grado. Una de sus frases me pareció excelente, no se si por la fuerza que llevaba y lo certera que era o por las varias veces que la repitió. Decía: “El progreso construye y destruye.” Con ella respondió a mi observación que muchos jueyes había en el lugar donde estábamos. Mientras me decía que en el Atolladero antes se cogían muchos jueyes, pero con la llegada del progreso se fueron muriendo. Como viendo la interrogante en mi cara me dice que el progreso había llegado Muñoz Marín y su política de Pan, Tierra y Libertad. “Pan pa’ que la gente tuviera que comer, tierra pa’ que tuvieran donde vivir y libertad pa’ elegir con quien querían trabajar.”Eso deconstruyó la concepción que yo tenía de esa frase.
Un poco añorando tiempos pasados, nos contaba que antes los edificios poseían mucha “arte arquitectónica” y que hoy los edificios eran simplemente cuatro líneas rectas. Esto es para mi una de las críticas más fuertes y contundentes que he escuchado a los arquitectos del país.
Luego de narrarnos la historia de cómo fue su nacimiento, (misma que prefiero reservarme por el carácter personal que creo que tiene) nos contaba como se preparaba el carbón y que para hacerlo se talaba toda clase de árbol. Pero nos hacia la salvedad de que respetaban el árbol de guayacán por lo duro que era y el tachuelo era otro árbol que también respetaban por que no era bueno para el carbón.
Ya cerca de las 10:12 a.m. nos dirigíamos hacia el bosque no sin antes hacer una parada de rigor para abastecernos de Gatorade. Bueno aunque parezca un anuncio, no es así, es solo que teníamos algo de sed. En el camino Don Funda nos iba diciendo, “ahí había una casa’, aquí era la casa de fulana, etc. Ya en el lugar y sentados en lo que en otros tiempos era una cisterna, don Fundador nos contaba como surgió el nombre de la cueva de cal, también conocida como la cueva de Bairón, la cueva del indio o la cueva de los presos. Nos hablaba también que antes por esa zona había muchos cabros y cerdos en el bosque, pero que los cazadores los fueron acabando.
En fin que la experiencia fue muy buena. Escuchar toda esa sabiduría, todo ese conocimiento. En definitiva fue tanto o debiera decir que fue más enriquecedor que una clase universitaria. A veces al investigar pecamos de menospreciar esa información o pensamos que no es valida, que es inventada. Yo que tal vez en un momento dude de ir a ese viaje por no dejar de hacer otras cosas, no me arrepiento de haber tenido esa experiencia.

Nota: Este viaje de campo fue una entrevista in-situ, realizada en el lugar donde la persona ha tenido las experiencias que nos interesa documentar. El lugar permite evocar recuerdos y la entrevista, con un “interlocutor privilegiado” como don Fundador, fluye como un río de conciencia. A don Fundador lo habíamos visitado antes y Mchael González y José Eduardo Martínez lo habían entrevistado en 1994. Ramón Agosto quería entrevistarlo para su tesis sobre usos del bosque y su impacto en la vegetación. Ramón contactó a don Fundador y nos invitó para conversar con el. Manuel Valdés Pizzini.